Aprendamos a escuchar

El mundo entero está necesitado de ser escuchado. Sólo con ser escuchados sanamos muchas heridas en nuestro corazón, y descargamos nuestros dolores aliviando nuestra alma. Pero lastimosamente el mundo corre tan aprisa que ya no hay tiempo de escuchar a nadie. Mucho menos nos detenemos en el camino y entablamos un diálogo con otra persona, porque tenemos temor que nos haga perder el tiempo o que nos vaya a hacer algo que no está dentro de nuestro control.

 

Nos estamos enfriando tanto en nuestras relaciones interpersonales, que ya no hay tiempo para escuchar a nadie. El esposo no escucha a la esposa, la esposa no escucha al esposo, los hijos no escuchan a los padres, los padres no escuchan a los hijos y así sucede en el trabajo, en el vecindario, en la comunidad y en el mundo entero.
Jesús se tomó el tiempo para entablar un diálogo con la samaritana, incluso con quien aparentemente no debía dialogar.

 

Venció las barreras del tiempo, el cansancio, la sed, la condición socioeconómica; y aprovechó la oportunidad para reconfortar una vida y una comunidad necesitada simplemente de ser escuchada y tenida en cuenta. Sólo con escucharla se puedo dar cuenta del amor sanador que ella necesitaba.
¿Con cuánta paciencia escuchas a los demás? ¿Cuándo te detienes para escuchar al que necesita ser escuchado?
¡No nos dejemos vencer por la prisa y la superficialidad!
¡Comencemos por escuchar a nuestra propia familia!

Dios Padre de amor:
Nuestra sociedad languidece por la falta de amor, misericordia y solidaridad de los unos por los otros. Te pedimos en el nombre de Jesús, que nos regales la gracia de poder escuchar a nuestros más cercanos, así como nosotros también queremos y necesitamos ser escuchados .Ayúdanos a ser pacientes y dóciles a tu inspiración.
Amén.

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