Ayúdense unos a otros

 

Ayúdense unos a otros a llevar sus cargas, y así
Cumplirán la ley de Cristo.
(Gálatas 6,2 )

¡Gracias mamá! – dijo Daniel, tomando con fuerza el papalote de color rojo en sus manos y pasando los dedos por el borde, ansioso de empezar.

Allá afuera, el viento movía las ramas de los árboles de un lado a otro y el sol brillaba cálido en el campo detrás de la casa.
-Vamos a probarlo – le dijo su madre.

Al poco tiempo estaban afuera con el nuevo regalo de Daniel. No pasó mucho tiempo hasta que el papalote ganó altura. La mamá miró a su hijo mientras él lo remontaba y lo hacía moverse por todo el cielo.
Entonces, sucedió lo inesperado. Una repentina ráfaga de viento le arrebató el papalote. Antes de que Daniel supiera lo que había sucedido, el objeto rojo allí en el cielo se hacía más y más pequeño. ¡Su papalote se estaba escapando!
Daniel persiguió al papalote a través del campo de hierbas altas. Finalmente lo vio aterrizar en un álamo, sobre una colina lejana. Vio con horror como treinta metros de cuerda sin papalote colgaban a la deriva, hacia el carrete que tenía en su mano.
Sin pensarlo, oró en voz alta: “Dios, ayúdame a recuperar mi papalote”.
-Espera aquí Daniel – le dio su mamá. Ella entró de inmediato en su coche y salió del estacionamiento.

Pronto se dio cuenta de que su madre estaba a los pies del álamo. Parecía una pequeña mota al escalar el árbol, recoger el papalote, y volver a bajar. Cuando ella llegó a su casa, un poco más tarde traía consigo un papalote rojo y un cordel más fuerte en el asiento de al lado.

¿Y AHORA?
¿Puedes recordar algún momento en el que Dios
respondió tus plegarias por medio de otra persona?
¿Cómo puedes ser una respuesta a la oración de
Alguien hoy?

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