Cada persona es única

Cuenta la historia que un hombre muy sabio, un día le dio a su hija un regalo: una flor muy cara y rarísima, de la cual había apenas un ejemplar en todo el mundo. Y le dijo: – “Hija, esta flor te ayudará ¡más de lo que tú te imaginas! Únicamente necesitas regarla y podarla de vez en cuando, ocasionalmente conversar un poco con ella, y ella te dará a cambio su perfume maravilloso y las más lindas flores.”
La joven la recibió emocionada, pues la flor era de una belleza sin igual. A medida que los días pasaban, los problemas surgían, el trabajo consumía todo su tiempo y su vida que continuaba confusa, no le permitía cuidar de la flor.

Ella llegaba a casa, miraba la flor y aún estaba ahí, no mostraba ningún signo de debilidad o muerte, siempre linda y perfumada. Entonces ella pasaba sin prestarle más atención.
Hasta que un día, ella llegó a casa y se llevó un gran susto; la flor estaba completamente muerta, sus raíces estaban resecas, sus flores caídas y sus hojas amarillas. La joven se echó a llorar y le contó a su padre lo que había acontecido. Él le respondió: “Imaginé que eso podría ocurrir, lamentablemente no puedo darte otra flor, porque no existe otra igual a ella, era única, así como tus hijos, tu esposo, tus padres, tus hermanos, hermanas, tus amigos y toda tu familia”. Todo lo que tienes son bendiciones que Dios te dio, pero debes aprender a regarlos, podarlos y darles la atención que se merecen, pues así como la flor, los sentimientos también mueren.

Te acostumbraste a ver la flor viva, siempre perfumada y te olvidaste de cuidarla.
Cada día tenemos la oportunidad de agradecerle a Dios por un día más de vida y por todas las personas que nos rodean, pero somos nosotros los que tenemos la obligación de valorarlas y cuidarlas como lo más preciado en nuestras vidas porque no tenemos plena seguridad de tenerlas mañana a nuestro lado.

Reflexiona y analiza cuánto tiempo estamos destinando para estar con Dios, con nuestros padres, nuestra pareja, nuestros hijos y amigos. Tal vez nos estamos perdiendo hermosos momentos que jamás volverán por mantenernos tan enfocados solo en nuestro trabajo y en alcanzar objetivos personales que no estamos considerando que nuestra felicidad sería incompleta si no tuviéramos con quién compartir todo lo obtenido.
Mientras tengamos vida, cuidemos y valoremos a las personas que amamos, porque tenemos un tiempo muy breve para hacerlo.

Y Jesus les dijo: – Mirad, guardaos de toda avaricia, porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.
Lucas 12,15

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