Crecer en la gracia de Dios

Dios exige que cada elemento humano mejore todos los elementos de gracia con que el Cielo lo ha dotado, y sean cada vez más eficientes en la obra de Dios. Se han tomado toda clase de medidas para que la piedad, pureza y amor del cristiano siempre aumenten, y para que se multipliquen sus talentos y capacidades, y prospere al servicio del Maestro divino.

Sin embargo, a pesar de ello, muchos que profesan creer en Jesús no lo manifiestan mediante el crecimiento que testifica del poder santificador que ejerce la verdad sobre la vida y el carácter. Cuando recibimos a Jesús por vez primera en nuestro corazón, somos niños en el orden religioso; pero nuestra experiencia cristiana no debe permanecer en la infancia. Debemos crecer en la gracia y conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo; debemos alcanzar la plenitud de la estatura de hombres y mujeres en el Señor.

Debemos progresar, debemos alcanzar nueva y rica experiencia mediante la fe, creciendo en confianza y fe y amor, conociendo a Dios, y a Jesucristo a quien él envió.

La obra de transformación de la impiedad a la santidad es continua.Día tras día Dios obra la santificación del hombre, y éste debe cooperar con él, haciendo esfuerzos perseverantes a fin de cultivar hábitos correctos. Debe añadir gracia sobre gracia; y mientras el hombre trabaja sobre el plan de adición, Dios obra para él sobre el plan de multiplicación. Nuestro Salvador siempre está listo para oír y contestar la oración de un corazón contrito, y gracia y paz son multiplicadas a los fieles. Gozosamente derrama sobre ellos las bendiciones que necesitan en sus luchas contra los males que los acosan… ¡Gloriosa es la esperanza de los creyentes que avanzan por fe hacia la más alta perfección cristiana!

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