Dios ya perdono tu pasado

Dios ya perdono tu pasado
Tal vez usted cree que perdonarse a sí mismo no es digno de consideración, porque piensa que debe mantenerse en un estado de constante recuerdo, no sea que se le olvide. Tal vez usted cree que hay un precio, alguna forma de penitencia de por vida que debe pagar.

El perdonarse a sí mismo no es tratado específicamente en la Biblia, pero existen principios en relación al perdón que deberían ser aplicados. Por ejemplo, cuando Dios nos perdona dice que no recuerda más nuestros pecados (Jeremías 31,34).

El perdonarse a sí mismo es simplemente dejar ir lo que usted tiene en contra suya para poder seguir adelante con Dios. Si Dios dejó eso atrás, ¿no deberíamos nosotros hacer lo mismo?

Si usted no se perdona a sí mismo por los pecados pasados, eso es una forma de orgullo. Cuando creamos un conjunto diferente de reglas, un conjunto de estándares más altos para nosotros que para otros, eso es orgullo. Cuando podemos perdonar a otros, pero no a nosotros mismos, estamos diciendo que nosotros somos menos capaces de tomar una mala decisión que los demás. Somos de alguna manera más intuitivos, más sabios, más perspicaces, más cuidadosos que los demás, y por lo tanto, no tenemos excusa y no debemos perdonarnos . Dios ya perdono tu pasado

¿Cómo puedo perdonarme?

La autocondenación no es la manera en que Dios quiere que vivamos. Pero, ¿cómo se puede cambiar esta práctica?  Dios ya perdono tu pasado

Reconociéndola.El primer paso es reconocer que uno no se ha perdonado a sí mismo. Hay que encarar el hecho, y comenzar a lidiar con el problema.
Arrepintiéndose. Confesarle al Señor que los sentimientos de autocondenación son pecado. Luego aceptar su perdón, y darle gracias.
Creyéndole a Dios. Reafirmar la confianza en la verdad de la Biblia. Dios dice que Él ha alejado nuestras rebeliones, como está lejos el oriente del occidente.
Escogiendo el perdón. Con base en la Biblia, y por un acto de voluntad, en fe, hay que decidir perdonarse a uno mismo.
Cada uno de estos pasos están basados en la verdad, no en las emociones. Dejemos de repetir la vieja grabación de nuestros pecados, y comencemos a repetir las verdades de la Palabra de Dios. La libertad de la culpa y el arrepentimiento dependen simplemente de una decisión. El Señor Jesús vino para liberar a los cautivos (Lc 4.18). El cristiano que se aferre al perdón de Cristo y renuncie a los sentimientos de culpa, saldrá de la prisión de autocondenación al gozo de la vida abundante.

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