El sexo no es un arma en el matrimonio

El matrimonio le abre la puerta a una riqueza de vida que no tienen los solteros. El matrimonio también lo puede atrapar a uno en un mundo de dolor. Cuando está saliendo con alguien y la relación es cada vez desagradable, simplemente deja de comunicarse por un tiempo. Cuando viven juntos, no hay lugar donde esconderse.

Cuando uno está casado, es completamente vulnerable, está expuesto las 24 horas de los siete días de la semana a los ataques del cónyuge, que conoce todas sus particularidades y los botones que puede oprimir. Hay muchas maneras de “castigar” al cónyuge y de “darle una lección”: la humillación verbal, los alardes de temperamento, o el tratamiento del silencio.

Y luego está la opción más efectiva: No me toques. El que diseñó el matrimonio sabía que, bajo estrés, las personas casadas pueden acudir demasiado rápido a esa arma: “El marido debe cumplir con su mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con su marido. La mujer no tiene dominio sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido dominio sobre su propio cuerpo, sino la mujer. No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración. Luego volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia” (1 Corintios 7:3-5).

Y no hablemos solamente a nivel sexual, la intimidad va mucho mas allá, no nos perdamos de tener una intimidad con nuestro cónyuge, pidamos sabiduría para ser los que nuestr@ espos@ necesita

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  1. Alfredo Responder

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