Evangelio de hoy 28 Agosto 2012

 Mateo 23, 23-26
En aquel tiempo Jesús habló diciendo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del aneto y del comino, y descuidáis lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe! Esto es lo que había que practicar, aunque sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello! hipócritas, que purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro están llenos de rapiña e intemperancia! ¡Fariseo ciego, purifica primero por dentro la copa, para que también por fuera quede pura!

Oración introductoria
Oh, Espíritu Santo, Espíritu de Verdad, limpia mi conciencia para que pueda convivir permanente con tu gracia, te lo pido por intercesión de la Inmaculada Virgen María que supo actuar siempre de cara a la verdad.

Petición
Jesús, ayúdame a vivir según esta regla: «Es bueno lo que me ayuda a cumplir la voluntad de Dios, y malo lo que me estorba».

 

Comentario: Mons. José Ignacio ALEMANY Grau, Obispo Emérito de Chachapoyas (Chachapoyas, Perú)
«El mayor entre vosotros será vuestro servidor»

Hoy, como siempre, los humanos andamos a caza de títulos, buscando ser alguien en medio de esta selva de capacitaciones. Jesús nos sale al paso explicando cómo debe prepararse el cristiano para conseguir los títulos más importantes y ser especialistas en el Reino de Dios.

«Uno solo es vuestro Padre, el del cielo» (Mt 23,9) y nosotros debemos aprender de Él para ser los pequeños padres de familia en el hogar. Benedicto XVI nos recuerda: «Sólo quien es atraído por Dios Padre y lo escucha, puede creer en Jesús, encontrarlo y nutrirse de Él». Viviendo una sincera filiación como Jesús, tendremos derecho a llamarnos padres, siempre con la minúscula de la humildad.

Para el título de director hay que dejarse enseñar y dirigir por Cristo «porque uno solo es vuestro Director, el Cristo», y así orientar a los hermanos más pequeños. De nuevo, el Papa Benedicto te da el secreto: «Cuando te conquista el fuego de la mirada de Cristo, ningún sacrificio parece grande para seguirlo y darle lo mejor».

Finalmente, para adquirir el título de maestro y enseñar a otros, hay que hacerse pequeño y aprender del único Maestro que es Cristo, “manso y humilde”. La única condición, por tanto, para todos estos títulos es la humildad verdadera porque «el que se enaltece será humillado y el que se humilla será ensalzado» (Mt 23,12).

De todas formas, el máximo doctorado se da cuando uno se especializa sirviendo por amor, como lo hizo el Maestro, porque «el mayor entre vosotros será vuestro servidor» (Mt 23,11). San Agustín nos enseña: «Cuanto más humildes, más grandes».

Todos estos títulos los mereció este Santo Doctor, San Agustín, a quien hoy celebramos. Nos vendrá bien esta recomendación que él nos da para conseguirlos: «Para alcanzar las alturas, necesitas de una escalera. Para alcanzar la altura de la grandeza, usa la escalera de la humildad».

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