La bella responsabilidad de ser madre

“Los hijos son una herencia del Señor, los frutos del vientre son una recompensa. Como flechas en las manos del guerrero son los hijos de la juventud.” Salmos 127, 3-4
Dios nos recompensa al tener hijos, nos premia, como si lo mereciéramos, como si hubiéramos hecho méritos para ganarnos un premio. Esto significa que nuestros hijos son preciados para el Señor, no sólo por la vida misma sino porque a través de ellos nos lleva a la santificación. Nuestros hijos nos llevan al límite, sacan lo peor y lo mejor de nosotras. Entonces, ¿por qué Dios nos da a los hijos como recompensa? Porque el premio no será uno terrenal, sino uno eterno que nos lleva a la salvación por medio de Jesús, donde el fruto del Espíritu se perfeccionará y ya no seremos más impacientes ni egoístas, donde no habrá más frustración ni nos vamos a abrumar cuando las cosas no salgan como esperábamos, ya no habrá falta de fe ni falta de amor.

Dios a través de los hijos nos forma como arcos firmes y fuertes, donde las flechas volarán con precisión directamente al blanco, que es nuestro enemigo, el diablo. Nuestro rol, es un rol del Reino, con nuestros hijos como flechas que pueden trascender a la eternidad para la gloria de Dios.

Es nuestra responsabilidad como madres hacer que esas flechas hagan destrozos, creen caos, quiebren muros y derroten gigantes en el mundo espiritual. Sigamos la tarea, sigamos transformándonos día a día para ser más como Jesús

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