La castidad en el matrimonio

El matrimonio en el mundo está en gran medida degradado, y especialmente en el ejercicio de la sexualidad conyugal. No solamente está degradado de hecho, sino antes y más está falsificado en teoría, en la misma idea que de él tienen las culturas paganas. Y esta perversión doctrinal y práctica llega a su extremo, como es previsible, en las naciones que han apostatado del cristianismo. Perdiendo la fe, han perdido en gran medido el uso de la razón, viniendo a dar en situaciones peores que las de muchas naciones paganas. Por otra parte, sepamos que este maleamiento de la unión conyugal viene desde el principio de la historia humana, desde el pecado original.

Los esposos han de vivir la castidad conyugal para ser dignos cooperadores de Dios en su vida sexual. El respeto absoluto por el orden natural creado por Dios al crear al hombre y la mujer, al crear, por tanto, el acto sexual de la unión conyugal, llevó a la Iglesia, enseñada por Cristo, a reprobar dentro del matrimonio todos actos que fueran en contra de la naturaleza y de la honestidad. Por eso el Apóstol decía a los fieles que no tomasen como ejemplo en las relaciones sexuales a los paganos, «que no conocen a Dios», sino que en ellos mismos mantuvieran la santidad propia de quienes«Ésta es la voluntad de Dios: que seáis santos, es decir, que os abstengáis de la fornicación; que cada uno de vosotros sepa tratar a su esposa, santa y respetuosamente, no por pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios; que en este punto nadie se extralimite ni abuse de su hermano, porque el Señor es vengador de todo eso, como de antemano os dijimos y aseguramos. Que Dios no nos llamó a la impureza, sino a vivir en santidad. Por consiguiente, el que desprecia esto no desprecia a un hombre, sino al Dios que está dándoos su Espíritu Santo» (1Tes 4,3-8).

Sois miembros de Cristo. «El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor es para el cuerpo ¿No sabéis acaso que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? El que se une al Señor se hace un solo espíritu con Él. Huid, pues, de la fornicación» (1Cor 6,15-18).

Sois templos del Espíritu Santo. «¿O es que no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros, que habéis recibido de Dios? Glorificad, pues, a Dios en vuestros cuerpos» (6,19-20). Temed al castigo. «Si alguno profana el templo de Dios, Dios lo destruirá. Porque el templo de Dios es santo, y ese templo sois vosotros» (1Cor 3,16-17).

Estas enseñanzas daba San Pablo a los cristianos de Corinto, capital de la lujuria en la Grecia de su tiempo, ciudad presidida en lo alto por el templo de Afrodita, donde se practicaba la prostitución sagrada. La sífilis era entonces llamada «mal corintio». Y estas mismas enseñanzas las da el Apóstol a los cristianos corintios de nuestro tiempo.

Tags:

Reply