La ley del matrimonio

Amor y Fidelidad es la ley del matrimonio. Si actuamos con responsabilidad en este proyecto, el cual voluntariamente decidimos llevar a cabo, aunque existan discusiones y malos entendidos, debemos esforzarnos en ir limando las asperezas con diálogos frecuentes, dando oportunidad a que ambos digan sus puntos de vista. No olvidemos que es la misión que debemos cumplir y debemos luchar hasta el final.

Todos nos casamos por las mismas razones. ¡Soñamos construir una vida juntos, una carrera brillante y mimar hijos, para pasar el resto de nuestras vidas con la persona que hizo que nos sintiéramos en las nubes! Sin embargo, esos sueños suelen desvanecerse bajo el peso de miles de presiones diarias.

La Biblia dice que “dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Génesis 2,24).

En otras palabras, de alguna forma tiene lugar una “unión” mística en la que nos convertimos misteriosamente en “una sola carne” ante Dios. Ninguna otra relación humana puede acercarse a esta.

ORACIÓN

Señor te suplicamos que nuestra vida matrimonial sirva de ejemplo a las demás parejas. Cuando existe el verdadero amor, el Espíritu Santo, mantiene la llama encendida y nos renueva constantemente, nos sentimos felices y hacemos sentir felices al ser que elegimos como esposo (a). Amar es darse uno mismo sin egoísmo. Señor amado. Centro de nuestras vidas, quédate con nosotros en cada uno de nuestros hogares. Lo pedimos en el Nombre de Jesús. ¡Amén!

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