MI Jesús Eucarístico

Jesús, tú te haces nuestro: ¿cómo y por qué? Nos atraes hacia ti presente, presente de una forma misteriosa, si, pero no más misteriosa que la del pensamiento presente en la voz y la de la voz presente en el ánimo del auditorio; única en si y tan multiplicada cuantos son los presentes que la oyen.
Presente, como el singular peregrino de Emaús, que alcanza, se acerca, acompaña, adoctrina y conforta los desconsolados viandantes en el atardecer de las esperanzas perdidas.
Presente en el silencio y en la pasividad de los signos sacramentales, como si quisieras a un tiempo ocultar y revelar todo su ser, de modo que sólo el que cree y a un tiempo poner el abrigo comprende, y ofrecer todo su ser,de modo que sólo el que ama pueda de verdad recibir.
Hacia ti nos atraes, paciente: paciente en la oblación de tu ser por la salvación de los demás, para alimento de los demás; paciente al simbolizar tu cuerpo separado de la sangre, es decir, como victima inmolada y desangrada; paciente hasta la media extrema del dolor,de la deshonra, del abandono, de la angustia y finalmente de la muerte, para que en la medida de la pena se revelara el grado de la culpa y de amor, de la culpa humana y de tu amor.

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