Monseñor Romero

La Iglesia Salvadoreña está de fiesta, conmemorando un año más del Aniversario Martirial de nuestro Pastor, Mons. Oscar Arnulfo Romero

El centenario del nacimiento está cerca, el aniversario de su muerte es hoy. Oscar Arnulfo Romero nació el 15 de agosto de 1917 -el año de la revolución rusa de Lenín- en Ciudad Barrios, con vista al volcán Chaparrastique que de tanto en tanto se despierta. Murió asesinado 63 años después, el 24 de marzo de 1980, mientras celebraba misa en una pequeña capilla de la capital, San Salvador. En 2014 se cumplen 34 años del asesinato, una fecha que en El Salvador moviliza vastos sectores del pueblo y a toda la Iglesia nacional.

En la fundación salvadoreña que lleva su nombre se respira un insólito optimismo: 2017 será el año –dicen-, el año de su beatificación, que los salvadoreños esperan desde hace mucho tiempo. Hay indicios claros. La voluntad del Papa latinoamericano es manifiesta y la ha comunicado a más de un visitante; también está convencido el cardenal Óscar Rodríguez Maradiaga, quien se lo confió a monseñor Ricardo Urioste, presidente de la Fundación Romero. “Dijo que lo escuchó de boca del postulador, el arzobispo italiano Vincenzo Paglia, en su último viaje a Roma”, comenta Luisiana de Beltrán, de la Fundación. Tampoco pasaron desapercibidas las palabras del cardenal argentino Leonardo Sandri, prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales, durante la misa que ofició en ocasión del plenario de la Pontificia Comisión para América Latina. En la homilía, el purpurado recordó el “gran número de obispos y sacerdotes, religiosos y religiosas, que perdieron la vida como discípulos de Cristo en nuestro continente”,y mencionó tres figuras, “sin anticipar el juicio de la Iglesia –aclaró-, sin dar a las palabras “mártir” y “martirio” un significado canónico o teológico y evitando cualquier interpretación política”. Sandri nombró al cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, arzobispo de Guadalajara, México, asesinado el 24 de mayo de 1993, a monseñor Oscar Arnulfo Romero, arzobispo de San Salvador, asesinado el 24 de marzo de 1980, cuya causa de canonización está en curso, “y esperamos –dijo el prefecto argentino- verlo muy pronto como un modelo para toda la Iglesia”; y por último monseñor Enrique Angelelli, obispo de La Rioja, Argentina, que murió el 4 de agosto de 1976, “en un accidente de auto sospechoso, en un contexto de persecusión contra esa Iglesia local”.

Para el centenario del nacimiento de monseñor Romero, dentro de tres años, los salvadoreños tienen toda la intención de hacer las cosas en grande y también se han acelerado los preparativos para el Mausoleo. Las conmemoraciones por el aniversario del asesinato comenzaron el lunes en todo el país y se desarrollarán a lo largo de la semana. En la cripta de la catedral metropolitana, colmada de gente, Carlos Ayala Ramírez, director de la emisora universitaria Radio Yusca, de la Universidad Centroamericana, dirigió una meditación titulada “El pastor debe estar donde hay sufrimiento”. El acto inauguró las procesiones y vigilias de oración que proseguirán sin interrupción hasta el lunes 24. De Europa, Estados Unidos y América Latina ya han llegado delegaciones y visitantes para participar en los actos de esta semana. El día 24, a la hora exacta en que el obispo fue acribillado en la capilla del hospital de la Divina Providencia, numerosas organizaciones sociales de San Salvador se han dado cita para realizar una marcha que comenzará en diversos puntos de la ciudad y se concentrará en el lugar de celebración de una misa solemne.

El martes 25, una vez terminados los actos oficiales, la Universidad Católica inaugurará la cátedra de “Realidad Nacional” con una conferencia sobre “El derecho a la Verdad”, en el Auditorio “Ignacio Ellacuría”, otra víctima de la violencia. Y a partir del 26 de marzo el “Tribunal Internacional para la aplicación de la Justicia restaurativa en El Salvador” promoverá una serie de encuentros, que culminarán el 28 con un concierto en recuerdo de las víctimas.

Entre las iniciativas organizadas por la Fundación salvadoreña Monseñor Romero hay una especialmente relaciona con Italia y se titula: “¡Yo quiero a monseñor Romero en Roma!”. Consiste en recolectar fondos, entre los 40 mil salvadoreños residentes en Italia, destinados a una estatua de bronce que se colocará en el “Jardín El Salvador” del EUR, en el cruce de la avenida Egeo con via Dodecaneso, a poco más de cien metros del Palacio de la Civilización del Trabajo. Costo presupuestado: 35 mil dólares.

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