No al aborto

Mary Wagner salió de nuevo de la cárcel el pasado 25 de julio. La defensora de la vida canadiense llevaba 7 meses y pico en prisión. Fue detenida la víspera de la Nochebuena en una clínica abortista de Toronto, en la que practicaba el «execrable crimen» de rezar por los niños en seno materno y ofrecer rosas blancas y una alternativa a las madres que iban con intención de abortar.
El 5 de mayo fue juzgada y condenada a 10 meses por violar el «espacio de protección» de la clínica abortista que le habían fijado. Le convalidaron los meses que había estado en custodia en la cárcel.

Al salir de la cárcel le esperaban felices sus amigos, muchos y marcharon a la Iglesia de la Preciosa Sangre de Cristo donde se celebró una misa de acción de gracias.
Mary ha perdido la cuenta de las veces que ha sido arrestada, probablemente tampoco esta sea la última vez. De los 20 últimos años, casi la mitad ha estado encerrada.

Esos muros no consiguen detener su labor, ella está abandonada a la Providencia. En la cárcel acompaña a las presas, la inmensa mayoría ha abortado. Reza con ellas y llora con ellas, les ayuda a acercarse al Señor y recomienda, cuando procede, centros en los que superar el trauma post-aborto. Muchas de ellas han recuperado la fe.
Supongo que les dirá algo parecido a lo que suele decirle a las madres a las puertas del abortorio:
“Fuiste hecha para amar y ser amada. Tu bondad es más grande que las dificultades. Las circunstancias en la vida cambian. Una nueva vida, aunque sea diminuta, promete un gozo irrepetible. ¡Hay esperanza!”.
Es un ejemplo para todo el movimiento provida en Canadá, Estados Unidos y…, Polonia, donde se ha vivido esta nueva liberación como la de una compatriota. Una liberación precedida de concentraciones mensuales frente a la embajada canadiense todos los meses.
Y creo que un ejemplo para todo el mundo. De lucha por los más débiles, por sus madres, por su vida física y por su vida espiritual.
Gracias, Mary Wagner

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