Oración: para superar la falta de PERDON

Jesús, yo confío en Ti. Sé que Tú me amas.
Deseo que desaparezcan todos los obstáculos entre nosotros.
Quita de mi corazón cualquier pizca de rencor a fin de que pueda ser yo completamente Tuyo.
Ayúdame a perdonar a los que me han lastimado, a los que me han calumniado,
a los que han murmurado sobre mí, a los que han sentido celos de mí,
a los que me han robado o que de alguna manera han abusado de mí.

Después, sumérgeme en lo profundo de Tu Sacratísimo Corazón.
Cúbreme con Tu Preciosísima Sangre.
No permitas que me resista otra vez a Tu Amor
por mi falta de perdón a los demás.
Amén.

CLAVES PARA ROMPER ATADURAS…
Cuando llegamos a Cristo encontramos lo que necesitábamos. Desde una paz que no conocíamos, pasando por una liberación interior desconocida y concluyendo por una certeza externa que nos potencia al máximo de nuestras posibilidades. Sin embargo, no todo es tan sencillo ni tan inmediato. Alguien dijo alguna vez que, si los cristianos estuviésemos TODOS llenos del Espíritu Santo, la consejería pastoral y la sanidad interior, se quedarían desoladas y sin trabajo. Pero la realidad nos muestra que no es así, sino por el contrario. Que los pastores en muchas ocasiones se granjean la antipatía de algunas de sus ovejas por causa de no poder atenderlas debidamente en sus necesidades y que en las congregaciones donde la Sanidad Interior está organizada, los turnos para atención se entregan con meses de adelanto. ¿Cuál es el problema, entonces? El evangelio de Jesucristo, seguramente que no. Las ataduras que traemos de nuestra vida anterior y que no rompemos inmediatamente, en muchos casos sí. Este trabajo apunta a ayudar a desatarnos de las que todavía nos ligan a yugos de alguna clase de esclavitud.

(Gálatas 5: 1)= Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.

Una mujer, cristiana desde su niñez solía, cuando las cosas no le salían como ella quería, atacar verbalmente a las personas. “Lo que sucede es que soy hija de vascos”, era su excusa, ya que esa procedencia, según ella, le justificaba conforme a la leyenda de la tozudez de los vascos. Ese comportamiento, era su herencia espiritual. Porque es más que obvio, que leyendas y famas al margen, y aún habiendo algo de cierto, es notorio que no todos los vascos tienen que ser similares. Lo cierto era que había un área en la que el enemigo tomaba ventajas en su vida. El haberse convertido no había cambiado su carácter y ella solamente se excusaba. Cuando el Señor le mostró el problema, ella se arrepintió, renunció a su pecado de ira y amargura al hablar y se declaró libre de la atadura por el poder de la sangre de Jesucristo.

2 Comments

  1. jose luis gerardo nava morales Responder
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