Pensamientos para la mañana.

Padre, para ti me despierto! Tú eres hoy mi primer pensamiento. Desperté sano y te agradezco que fuiste mi custodio durante el sueño. Cumplir tu santa voluntad; esto será hoy y siempre mi tarea. Tu voluntad sea mi voluntad.

Tuyo sea mi ojo: tu lo formaste para miras las maravillas de tu omnipotencia.
Tuyo sea mi oído: tú me lo diste para escuchar tu palabra.

Tuyo sea la mano: tú la creaste para hacer tu obra.
Tuyo sea mi corazón: tú lo formaste para amarte.
Tuyo sea mi espíritu inmortal: lo creaste según tu imagen.
Todo, absolutamente todo es obra tuya, por eso sea todo santificado para tu gloria y honor; cuerpo y alma.

¡Padre, tuyo soy, hoy y siempre y por toda la eternidad! (Monseñor Sailer)

Tuyo es el tiempo que me diste para vivir. Tuyo es el día que hoy me saluda. Te lo doy, sea como fuere. Agradecido acepto cualquier tiempo que me trae; calor y frío, lluvia y nieves.

Sonrío al sol para que traiga alegría a mi corazón. Contento estoy con tempestades y vientos y quiero escuchar sus melodías, que cantan o braman. La nieve ha de encantar mis ojos con su albura deslumbrante y la multiformidad de sus copos.

A ti, oh Padre, celebrarán todas las obras de tus manos.

“En horas de la madrugada vengo a ti para implorar tu auxilio; confío en tus palabras” (Salmo 118,147)

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