PORQUE SUFRO?

“Siempre que se pone a prueba la fe, la constancia tiene una oportunidad para desarrollarse” 2 Corintios 1,3-4

 

A nadie le gusta sufrir. Tampoco le “gustó” a Jesucristo. Sin embargo lo abrazó por amor. En el Huerto de los Olivos exclamó:  «Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como quieras tú.»  Mateo 26, 39.  He aquí el inestimable valor del sufrimiento: abrazarlo libremente por amor, en unión con Jesucristo; Sufrir para ser fiel al camino del amor.

Hay muchas formas de sufrimiento que afectan al cuerpo. Sin embargo, los sufrimientos mayores son los del corazón: conflictos familiares, disgustos entre personas que se aman… Tarde o temprano todos sufrimos, todos tenemos así la oportunidad de ofrecernos a Dios en comunión con Cristo. Por eso los hermanos que están postrados por enfermedad pueden dar mas fruto, salvar mas almas y hacer mas bien que muchos otros con numerosos apostolados activos pero con menos amor.

Jesucristo sufrió hasta el extremo en la cruz por amor a nosotros. Esta es la clave: POR AMOR.  Todo, absolutamente todo, hemos de vivirlo, de abrazarlo por amor. Así nos redimió Jesús. Es cierto que cada palabra y acción de Jesús es parte de su obra salvadora. Pero fue especialmente por medio de sus sufrimientos en la Cruz que fuimos librados del pecado.

El sufrimiento es una oportunidad para unirnos a Cristo y cooperar en la redención del mundo. De nada vale el sufrimiento por si mismo.  Lo que vale es la entrega amorosa que hacemos de el a Dios. Es por eso que el sufrimiento es una gran oportunidad y sería terrible desperdiciarla.

El sufrimiento como advertencia

Jesucristo nos enseña que las catástrofes contienen una advertencia para todos: “y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo” (Lc 13,5).  Jesús nos recuerda con estas palabras nuestra responsabilidad y la importancia de la conversión. Somos peregrinos en la tierra. Nuestro hogar definitivo es el cielo.  No podemos seguir  como antes, disipados en el pecado. Sabemos que somos todos culpables porque todos hemos pecado.

Cada uno debe decidir.  Los momentos de tribulación suscitan lo bueno y lo malo en cada corazón. Vemos los dos ladrones en torno al Señor.  Mientras uno maldecía, el otro defendió a Jesucristo y le pide entrar en su reino. En las tragedias hay quienes blasfeman mientras otros se entregan a servir heroicamente.  Cuantos ejemplos de amor hemos visto en el medio de los desastres del huracán, cuantos habrán abierto el corazón, olvidándose de si mismos.  Dios lo sabe y les dará la recompensa.  Para nosotros son un testimonio, una inspiración.

Los que mueren primero no por eso sufren desgracia.  La desgracia verdadera está en no recapacitar, en seguir viviendo como antes sin aprender la lección.  La desgracia es morir en pecado, morir sin Dios.

*Porque vamos a sufrir?esta alabanza nos da esa paz en momento de tribulaciòn

 


 

 

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