Óración por un padre

Señor, quiero darte las gracias por el padre que me distes

no es perfecto, pero para mi es el mejor.

El ha guiado mis pasos desde que nací, ha cuidado de mi

salud, me ha protejido cuando he estado en peligro ,

me ha perdonado cuando he fallado y no se sido buena

persona.

Pero hoy Señor , quiero pedirte una bendición especial

cúbrelo y protegele de todo peligro, de cualquier persona que quiera

hacerle daño, bendice sus proyectos, sana cualquier enfermedad

provee lo que él necesite, pero sobretodo que entres siempre

en su corazón y que tú seas el centro de el.

Te pido por los padres que ya fallecieron, que gozan de tu

presencia.

 

Gracias por mi padre Señor, Amén.-

 

Oración de agradecimiento

Señor Jesús

Recorro en mi mente todo lo que mes has dado y la palabra Gracias se queda corta

desde mi niñez has estado cuidadndo mis pasos, cuidando de mi salud y nunca

te separas de mi, en mi adolescencia ; en esos momentos de rebeldia y de querer

hacer mi voluntad, tú me frenabas y mandabas angeles para que yo viera que no era

tu voluntad, en mis desiciones me dabas paz cuando era parte de tu plan en mi vida,

Cuantas veces cai y tu me dabas consuelo a traves de mis padres y hermanos.

Cuantos pecados yo acumulaba , pero tu con tu amor me perdonabas y me dabas otra

oprtunidad para hacer las cosas mejor.

Tú Señor me lo has dado todo y por eso yo quiero darte las gracias, porque hasta hoy

no me abandonas, no llevas cuenta de mis pecados, no vas sumando las veces que

te fallo o que no te he consultado algo.

Te agradezco que no me sueltes de tu mano, que no me dejas solo y sobretodo que

regalas paz.

 

10 SEÑALES DE UN MATRIMONIO SALUDABLE

Sé consciente de que no existe como tal la relación perfecta, pero sí te puedes acercar.

1. Se expresan honestamente

La comunicación es clave para que una relación sea buena. Cuando ambos se sienten cómodos de expresarse, van por muy buen camino.

2. Mantienen su espacio e intereses

Incluso si sientes que tu relación es perfecta, no es necesario que pases TODO el tiempo con tu pareja. Mantener su individualidad es muy importante.

3. Existen discuciones resueltas con respeto

TODAS las parejas tienen desacuerdos, sin embargo la capacidad de resolverlos de una forma saludable es una señal de que la relación es buena.

4. Toman decisiones en conjunto

En una buena relación las decisiones son de dos. Sí, esto implica que en algunas ocasiones tendrás que ceder. ¡Pero no te molesta!

5. Aprecias mucho la relación

No se trata de que te llene de detalles o pases cada momento riendo, pero sí de que te sientas feliz en general. No importa si se quedan viendo una película en casa o salen con todos sus amigos.

6. Existe respeto

Una señal clara de que tu relación es saludable es que ambos se tratan con respeto, consideración, interés y amabilidad.

7. Puedes dejar pasar los detalles

Seguramente habrá cosas que te molestan de tu pareja, pero sabes dejarlos pasar y no buscar una pelea por ellos. En general, lo aceptas con todos sus defectos y virtudes.

8. Existe intimidad y encanto

No sólo se trata de sexo, sino de que se sientan atraídos dentro y fuera de la cama. Este tipo de conexión es básica.

9. Confías en tu pareja

Te sientes cómoda y segura con él. Esta es una de las señales de que tu relación va por un excelente camino.

10. No ocultas tus defectos

La confianza te permite ser vulnerable con tu pareja y no preocuparte demasiado por lo que piensa sobre tus defectos.

A quien daña una venganza?

Un día el pequeño Jaimito entró a su casa dando patadas en el suelo y gritando muy molesto. Su padre, quien estaba saliendo hacia el jardín con el objeto de realizar unos trabajos en la huerta familiar, lo llamó para conversar con él.

Jaimito, desconfiado, lo siguió, no sin antes decirle en forma irritada: Papá, ¡te juro que tengo mucha rabia! Pedro no debió hacer lo que hizo conmigo. Por eso, le deseo todo el mal del mundo, ¡Tengo ganas hasta de matarlo!

Su padre, un hombre sencillo, pero lleno de sabiduría, escuchaba con calma al hijo quien continuaba diciendo: Imagínate que el tonto de Pedro me humilló frente a mis amigos. ¡No acepto eso!, me gustaría que él se enfermara para que no pudiera ir más a la escuela.

El padre siguió escuchando y se dirigió hacia una esquina del garaje de la casa de donde tomó un saco lleno de carbón, el cual llevó hasta el final del jardín. Su hijo lo miraba callado, y antes de que pudiera decir algo, el padre le propone lo siguiente:

¿Jaime, ves aquella camisa blanca que está en el tendedero? Hazte la idea de que esa camisa es Pedrito y cada pedazo de carbón que hay en esta bolsa es un mal pensamiento que va dirigido a él. Quiero que le tires todo el carbón que hay en el saco, hasta el último pedazo. Después yo regreso para ver cómo quedó.

El niño lo tomó como un juego y comenzó a lanzar los carbones, pero como la tendedera estaba lejos, pocos de ellos acertaron la camisa. Una hora después, el padre regresó y le preguntó: Hijo, ¿qué tal te sientes?

Cansado pero alegre, ¡ya le di su lección a Pedrito!, y sonreía. Acerté algunos pedazos de carbón a la camisa. El padre tomó al niño de la mano y le dice: Ven conmigo a mi cuarto, que quiero mostrarte algo.

Al llegar al cuarto, lo coloca frente a un espejo que le permite ver todo su cuerpo. ¡Qué susto! Estaba todo negro y sólo se le veían los dientes y los ojos. En ese momento el padre dijo: Hijo, como pudiste observar, la camisa quedó un poco sucia pero no es comparable a lo sucio que quedaste tú.

El mal que deseamos a otros se nos devuelve y multiplica en nosotros. Por más que queramos o podamos perturbar la vida de alguien con nuestros pensamientos, los residuos y la suciedad siempre quedan en nosotros mismos.

Con esas palabras finales, el Padre se despidió de Jaimito quien había aprendido una lección de vida.

No guardes resentimientos ni rencores en tu corazón, déjalos ir, no quieras con tus pensamientos e imaginación llevar esos deseos de venganza a la persona que te ha herido.

4 cosas que nunca debe tener un cristiano

Un cristiano NUNCA debería…

1.- Guardar rencor.

Mientras leo la Biblia, una de las realidades más serias es que mientras la gracia de Dios para nosotros es ilimitada, Él nos la da en la misma medida en que nosotros la damos a los demás.

En otras palabras, NO podemos recibir la gracia de Dios a menos que también estemos dispuestos a perdonar a las personas que nos han ofendido.

San Agustín dejó una frase muy poderosa:

“¡Sostener un rencor es como beber veneno con la esperanza de que la otra persona muera!”

El mismo Jesús enseña esta importante verdad en muchos lugares, incluyendo su famosa parábola del deudor implacable.

Como cristianos, tenemos que recibir el perdón de Dios y tenemos que compartir el perdón con los demás. Es así de simple. Aquí unas citas bíblicas que te ayudará a reflexionar sobre esto:

“Sopórtense los unos a los otros, y perdónense mutuamente siempre que alguien tenga motivo de queja contra otro. El Señor los ha perdonado: hagan ustedes lo mismo”. (Colosenses 3,13)

“Entonces Pedro se acercó a él y le preguntó:” Señor, ¿cuántas veces debo perdonar a alguien que peca contra mí? ¿Siete veces?” “No, no siete veces”, respondió Jesús,”sino setenta veces siete”. (Mateo 18,21-22)

2. Desvalorizar o maltratar a los niños.

Vivimos en una cultura que parece valorar más a las mascotas que a los niños. Vivimos en un mundo donde más que nunca, muchos niños están siendo explotados a través de la esclavitud sexual, la trata de seres humanos y otros abusos horrendos y los cristianos deben estar en primera línea en el rescate y la protección de estos niños, pero muy a menudo, la difícil situación de los huérfanos y maltratados es vista como una distracción inconveniente.

También, hay millones de cristianos que apoyan los derechos al aborto, que es la práctica más deshumanizante de nuestro tiempo. No es una cuestión política, sino una parodia moral.

Como cristianos, tenemos que valorar y proteger a los niños desde su concepción.

“La religiosidad pura y sin mancha delante de Dios, nuestro Padre, consiste en ocuparse de los huérfanos y de las viudas cuando están necesitados, y en no contaminarse con el mundo” (Santiago 1,27)

“Antes de formarte en el vientre materno, yo te conocía; antes de que salieras del seno, yo te había consagrado, te había constituido profeta para las naciones”. (Jeremías 1,5)

“Pero Jesús les dijo: “Dejen a los niños, y no les impidan que vengan a mí, porque el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos”. Y después de haberles impuesto las manos, se fue de allí”. (Mateo 19,14-15)

3.- Uso indebido del sexo

Del mismo está también el mal uso de otra persona para nuestra propia gratificación en el sexo.

Nuestra cultura es la cultura más explotada sexualmente y más explotadora de la historia del mundo. Estamos tan saturados de imágenes de explotación sexual que ni siquiera lo consideramos más extraño que un pez en el océano que no se da cuenta de que está mojado, es el único mundo que conoce.

Como cristianos, estamos llamados a altos estándares de vida, No debemos tener relaciones sexuales fuera del matrimonio o mirar pornografía.

“En cuanto al pecado carnal y cualquier clase de impureza o avaricia, ni siquiera se los mencione entre ustedes, como conviene a los santos” (Efesios 5,3)

“Todo aquel que mira a una mujer con lujuria, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón”. (Mateo 5,28)

4.- Estar ansioso, preocupado o asustado.

Esto no parece posible en la superficie, pero Dios siempre nos llama a hacer cosas que no parecen posibles.

En casi todas las páginas de las Escrituras, Dios nos está diciendo que dejemos de preocuparnos y que confiemos en Él. Él claramente quiere que entendamos que Él es más grande que lo que aquello que nos preocupa.

Cuando elegimos pasar por la vida preocupados por el miedo o la duda, estamos permitiendo que la preocupación ocupe la parte de nuestro corazón donde la fe debe vivir.

“No se angustien por nada, y en cualquier circunstancia, recurran a la oración y a la súplica, acompañadas de acción de gracias, para presentar sus peticiones a Dios. Entonces la paz de Dios, que supera todo lo que podemos pensar, tomará bajo su cuidado los corazones y los pensamientos de ustedes en Cristo Jesús”. (Filipenses 4,6-7)

Si podemos llorar

Permitirse llorar no es fácil…
Nos han educado para ser fuertes, ser árboles de pie ante las adversidades de la vida.
Muchas veces sentimos angustia, el pecho dolorido ante tantas presiones y seguimos caminando, no nos detenemos a llorar: “debes ser fuerte…”, “llorar es de los débiles…”, “los hombres no lloran…”, “llorar es sinónimo de debilidad…”.
Tantas frases hemos escuchado en nuestra infancia, en nuestra juventud, que ante el dolor, la pérdida, las injusticias, el fracaso, no nos permitimos llorar; y tantas presiones y exigencias en esos pequeños instantes íntimos, ‘nuestros’, nos dejamos llevar y las lágrimas que ahogan nuestro ser empiezan a brotar…
Sufrir la pérdida de ciertas cosas es inherente a la vida del ser humano.
Muchas veces las cosas que perdemos o que se rompen en nuestras vidas son irreemplazables y ni siquiera nosotros mismos podemos repararlas.


Los que nos quieren, muchas veces pueden ayudarnos a aliviar nuestro dolor y a soportar las pérdidas.
Los padres, tratamos de demostrar a nuestros hijos, que somos fuertes, que nada nos quiebra, que nada nos duele, ya que tememos dañarlos con nuestras debilidades, con nuestras lágrimas y ¡qué equivocados estamos…!
Ellos saben de nuestras tristezas y de nuestras alegrías, sólo con mirarnos, con abrazarnos, con acariciarnos perciben nuestro dolor.


No pidamos permiso para llorar… si sentimos que no podemos contener nuestras lágrimas, si sentimos que el corazón nos duele, lloremos…
No tenemos que ser fuertes todo el tiempo, toda la vida.
Debemos permitirnos ser débiles y dejar que nuestros sentimientos salgan.
Si nunca encaras tu pena, y dejas de reír para llorar, nunca conocerás la dicha del que deja de llorar para reír.

10 tácticas del demonio muy astutas para alejarte de la oración

El demonio puede atacar a cualquier hora y en cualquier lugar ¿De qué maneras puede el demonio atacar nuestra vida de oración?

 

hay personas que no se toman su día libre, sus vacaciones, tal vez una siesta y una pausa para tomar un café con un sentimiento de alivio. Esas personas están siempre buscando una oportunidad para atacar, derribar, esclavizar o conquistar. ¿Quiénes son estas personas? Por si no lo adivinaron: son los demonios

San Pedro compara al demonio con el rugir de un león que busca la oportunidad para devorar a su presa, es decir, para devorarnos a nosotros

El demonio puede atacar a cualquier hora y en cualquier lugar. Es astuto, muy inteligente y despiadado. Sin embargo, hay un área en específico en la que él es más propenso a atacarnos: nuestra vida de oración

San Ignacio nos recuerda que el demonio ataca cuando nos encontramos en un estado de desolación. Con eso nos referimos a la falta de fe, esperanza y caridad, a un sentimiento de tristeza y desánimo que lleva a la depresión, tibieza y al letargo.

Nuestra visión sobrenatural se nubla y oscurece. Es como si se estuviese en una nube negra o dentro de un túnel oscuro que parece no tener salida. Éste es el estado de las almas al que apunta el demonio y les lanza sus dardos mortales.

¿De qué maneras puede el maligno (Santo Tomás), el león rugiente (San Pedro), el perro atado furioso (San Agustín), el enemigo mortal de nuestra salvación (San Ignacio), el mentiroso y asesino del comienzo, el demonio atacar nuestra vida de oración? Veamos:

1.- Procastinación.

Te puede tentar de la siguiente manera: “No hay apuro; pospón tu oración para mañana. Dios entiende; Él conoce tus pensamientos y sentimientos. Dios no tiene prisa, tampoco tú la deberías tener”.

2.- Hacer menos oración.

Bueno, si el demonio no puede vencerte haciendo que pospongas tu oración para mañana, entonces hará que ores menos. En lugar de asistir a una Hora Santa, haz una visita de 30 minutos; deja de asistir a Misa diario.

Sólo es necesario que asistas los Domingos. ¿El Rosario? En lugar de rezar todo el rosario, el demonio hará que solamente reces una o dos décadas.

3.- Distracciones en tu oración.

Otra táctica del demonio es hacer que pierdas la concentración.

En lugar de enfocarte en Dios, terminas enfocándote en algún asunto irrelevante como qué cocinar luego, quién está jugando tal o cual deporte, qué planes hay para el fin de semana.

4.- Pierde el tiempo.

El demonio no da tregua en sus ataques a la persona que se ha comprometido a una vida seria de oración.

Como nos recuerda la Palabra de Dios:

“Si decides seguir al Señor, prepárate para la batalla”.

El demonio te puede tentar de la siguiente manera: Estás malgastando tu tiempo al orar. Mejor has lo imposible para ayudar a tu vecino. ¿Recuerdas a Jesús con Marta y María?

El demonio promueve el activismo al punto de convencernos de que nuestro trabajo es mucho más importante que nuestra vida de oración y conversación con el Señor.

Recuerda que Jesús vino en defensa de María cuando estaba sentada a sus pies y le escuchaba atentamente, éste es un verdadero modelo de contemplación.

5.- Aún eres la misma persona

Estás orando más que antes, pero en realidad no eres mejor que antes y muchas personas te han dicho esto.

Por lo tanto, mejor abandona tu vida de oración y vuelve a la vida normal, cómoda y fácil que la mayoría de tus amigos y socios llevan.

6.- Sentimientos

Emaús, el demonio puede tentarte de esta manera. Puede engañarte haciéndote creer que tus oraciones no van a ningún lugar por la sencilla razón de que no experimentas emociones ni sentimientos fuertes cuando oras.

Antes experimentaste esos sentimientos y emociones en ese primer retiro carismático, pero las emociones cesaron y la oración es más tranquila y pacífica.

Cualquier buen director espiritual o texto sobre la teología de la oración indicará que la ésta no depende siempre de emociones sino de la confianza en Dios.

7.- Dios se muestra callado y no responde a mi oración

Puede suceder que hayas orado durante mucho tiempo por una intención en específico, quizás hayas ofrecido novenas y Misas, pero esa intención no ha sido respondida.

El demonio puede convencerte de no orar, o de que la oración es un ejercicio inútil, una pérdida de tiempo.

Para algunos, el demonio describe a Dios como una especie de Santa Claus en el cielo o como un genio listo para salir de la lámpara si la frotamos lo suficientemente fuerte. Si no me contesta, Dios no existe.

8.- Desastres y ausencia de Dios.

Tal vez algunos desastres se han presentado en tu vida: pérdidas económicas, desafíos financieros, o incluso la muerte de un ser querido. ¿Cómo puede un Dios tan bueno permitir que esto suceda?

Un buen Dios no permitiría esto, si en realidad Él es bueno. Nuestra salvación puede ser el libro de Job:

“Desnudo salí del seno de mi madre, desnudo allá volveré. Yavé me lo dio, Yavé me lo ha quitado, ¡que su nombre sea bendito!” (Job 1,21)

9.- Tentaciones en contra de la castidad.

Ha sucedido incluso en la vida de los santos – Santa Catalina de Siena, Santa Margarita María, San Antonio del desierto – ser atacados frecuentemente contra la virtud de la pureza.

El demonio usa muchas y diversas maneras de tentación para disminuir la vida de oración e incluso extinguirla.

10.- El Desespero.

Tal vez el ataque más fatal del enemigo es convencernos de ceder ante la desesperación.

Éste fue el caso de Judas Iscariote. Si se hubiese arrepentido, tal vez alrededor de todo el mundo tendríamos iglesias con el nombre: San Judas el penitente.

Pedro se arrepintió y fue perdonado y se convirtió en santo. Después de que caemos en pecado, el demonio nos acusa y condena y nos lleva a la muerte y a la desesperación.

Debes saber que el Espíritu Santo nos consuela y nos llena de ánimo con la confianza y esperanza en la infinita misericordia de Dios. Jesús, en Ti confío.

En conclusión, debemos aferrarnos a la oración como si fuese un chaleco salvavidas, el aire que nos mantiene vivos, el ancla o nuestra salvación.

El demonio nos tienta a abandonarla o a orar menos, entonces deberíamos seguir el consejo Ignaciano de “agere contra” para hacer exactamente lo contrario e intentar orar más y mejor; así ganaremos la batalla.

La bella responsabilidad de ser madre

“Los hijos son una herencia del Señor, los frutos del vientre son una recompensa. Como flechas en las manos del guerrero son los hijos de la juventud.” Salmos 127, 3-4
Dios nos recompensa al tener hijos, nos premia, como si lo mereciéramos, como si hubiéramos hecho méritos para ganarnos un premio. Esto significa que nuestros hijos son preciados para el Señor, no sólo por la vida misma sino porque a través de ellos nos lleva a la santificación. Nuestros hijos nos llevan al límite, sacan lo peor y lo mejor de nosotras. Entonces, ¿por qué Dios nos da a los hijos como recompensa? Porque el premio no será uno terrenal, sino uno eterno que nos lleva a la salvación por medio de Jesús, donde el fruto del Espíritu se perfeccionará y ya no seremos más impacientes ni egoístas, donde no habrá más frustración ni nos vamos a abrumar cuando las cosas no salgan como esperábamos, ya no habrá falta de fe ni falta de amor.

Dios a través de los hijos nos forma como arcos firmes y fuertes, donde las flechas volarán con precisión directamente al blanco, que es nuestro enemigo, el diablo. Nuestro rol, es un rol del Reino, con nuestros hijos como flechas que pueden trascender a la eternidad para la gloria de Dios.

Es nuestra responsabilidad como madres hacer que esas flechas hagan destrozos, creen caos, quiebren muros y derroten gigantes en el mundo espiritual. Sigamos la tarea, sigamos transformándonos día a día para ser más como Jesús