Lo que no debes hacer en tu matrimonio

Lo que no debes hacer en tu matrimonio

Sinceramente, las dificultades a veces son buenas para el matrimonio. Casi todo lo que tiene valor duradero en la vida es difícil en un momento u otro.

El otro día le dije a mi esposo, imagínate el tipo de matrimonio que Adán y Eva tuvieron antes de la caída. Así que nos divertimos imaginándolo. Se habrían reído tanto. Habrían disfrutado cada momento juntos. Nunca se pelearían ni se habrían irritado. Nunca habrían sido egoístas. Ni se dirían palabras poco amables. El sexo habría sido literalmente increíble todo el tiempo.

Un romance perfecto, en un matrimonio perfecto, en un mundo perfecto.

Pero luego Eva fue engañada y Adán eligió creer una mentira. En ese instante, no sólo hubo una fractura en su relación con Dios, sino que el pecado también infectó la relación entre marido y mujer. El amor romántico -ese regalo dado por Dios a las primeras personas que creó-fue cambiado de repente y para siempre.

El romance nunca volvería a ser perfecto.

La primera pareja comenzó a pecar uno contra el otro, y cada esposa y esposo han tenido ya la misma batalla. Incluso en matrimonios que son cariñosos, fieles y felices, el pecado sigue desempeñando un papel.

A pesar de que el romance terrenal siempre será imperfecto, Dios nos transforma con abundante gracia y el Evangelio nos llena de esperanza para vivir la vida junto a nuestro cónyuge. En la medida en que navegamos a través de las alegrías y las luchas de la relación matrimonial, aquí hay cinco cosas que no debes hacer en el matrimonio

1. No demores el arrepentimiento y el perdón
Con el pecado viene la necesidad de arrepentimiento y perdón. Es simplemente la forma como funciona el matrimonio. Tenemos la esperanza, y la creencia de que a medida que maduramos en Cristo, vamos a pecar menos y a amar mejor. Pero incluso en los mejores matrimonios donde hay un clima de amor y respeto mutuo, el pecado todavía va a levantar la cabeza. Así que la pregunta no es: ¿Habrá pecado? sino ¿Cómo responderemos cuando hemos pecado o han pecado en nuestra contra? A veces nuestro instinto es estar enojadas, permanecer frías, o permanecer distantes sólo un poco más de tiempo, cuando han pecado en nuestra contra. Incluso cuando se nos acercan con arrepentimiento sincero, sentimos el instinto carnal de aferrarnos a nuestra ira. ¡No hagas esto! Una respuesta de perdón retrasado a menudo puede ser más destructiva que el pecado inicial. Debemos perdonar rápida y completamente.

Junto con esto, cuando has sido la que has pecado contra tu cónyuge, no te demores en pedir perdón. Una vez más, a veces nuestra pecaminosidad quiere reafirmarnos a castigar a nuestro cónyuge permaneciendo distantes, solo por un poco más de tiempo. Pero la frialdad no es una manera de amar a alguien. Cuando sintamos la más ligera inclinación de arrepentirnos, debemos acudir de inmediato a la persona que hemos herido. Esto puede sonar extraño, pero algunos de los momentos más dulces de mi matrimonio han sido cuando he caminado hacia Justin, después de haber pecado contra él, y siendo vulnerable, con lágrimas en los ojos, le pido perdón y le digo que lo amo. Es como saborear la gracia de arrepentirse y ser envuelta en los brazos amorosos del perdón.

2. No asumas lo peor
En un matrimonio cristiano saludable promedio, el marido y la mujer genuinamente desean el bien del otro. Mi marido me ama, se derrite por mí, y haría cualquier cosa por mi bien. Y, sin embargo, hay momentos en los que estamos en desacuerdo o en los que tenemos conflictos y tensión, en los que me olvido de quién es. Nuestro cónyuge está por nosotras, y desea lo mejor para nosotras. En momentos de conflicto, Justin a veces me dice, «oye Elisha, cariño, recuerda que somos del mismo equipo.» Es simple pero útil. En un matrimonio saludable, tenemos todas las razones para asumir lo mejor de nuestro cónyuge-de su motivación y de su corazón -y sin embargo nuestra rebeldía predeterminada durante el conflicto, puede hacernos asumir lo peor sobre ellos. Un esposo y una esposa están en el mismo equipo. Debemos esperar lo mejor y darnos el uno al otro el beneficio de la duda.

3. No te enfoques en cambiar a tu cónyuge
Cada una de nosotras tenemos los medios que necesitamos para crecer y cambiar. Todo esposo cristiano y toda esposa cristiana es una obra en progreso. Deberíamos desear el cambio y el crecimiento. Y en el sentido correcto incluso debemos querer que nuestro cónyuge cambie y crezca a semejanza de Cristo. Pero aquí está la cosa: Nuestro enfoque principal de cambio, crecimiento y muerte al pecado debe ser en nosotras mismas, no en nuestro cónyuge.

4. No seas demasiado sensible
Algunas de nosotras tenemos tiernos y sensibles corazones, somos fácilmente heridas. Yo soy una de esas mujeres, y he visto a Dios usar esta cualidad, tanto para bien como para mal en mi matrimonio. Puede haber dulzura y compasión fluyendo de un corazón sensible que pueda ayudarnos a amar así a nuestros esposos. Pero cuando somos demasiado sensibles, fácilmente nos herimos por cosas que nunca deberían habernos herido en primer lugar. Si eres demasiado sensible, aprende a identificar cuando lo estás siendo y cuándo te puedes reír de algo. Como he crecido en esto, he aprendido que realmente es mucho más fácil sonreír que ofender. No tomar todo en serio y aprender en el momento adecuado, a simplemente dejar las cosas pasar, esto puede ser increíblemente útil.

5. No pierdas la esperanza
Hasta los mejores matrimonios pasan por temporadas que no siempre son fáciles, en los que tenemos que hacer un verdadero esfuerzo para amarnos unos a otros, donde el camino parece estar lleno de surcos, tropezones y baches. Esta es una de las verdades importantes que deben conocer de antemano las parejas recién casadas para que no pierdan la esperanza cuando entren en una temporada difícil. Como hay un ir y venir en la vida, así ocurre en el matrimonio. Habrá temporadas donde van a amarse unos a otros sin esfuerzo, y habrá otras temporadas donde amarse unos a otros es un compromiso que requiere esfuerzo. Este es el punto: Honestamente, es bueno para el matrimonio pasar a veces por momentos de dificultad. Casi todo lo que en la vida tiene valor eterno es difícil en uno u otro momento. Permanece comprometida con Cristo, con tu cónyuge, y observa cómo Dios te acompaña de forma segura a través de esta temporada.

Si tenemos la posibilidad de mirar hacia atrás es cuando vemos cómo en los tiempos difíciles se refina nuestra fe y cómo nuestro amor por nuestro cónyuge es más fuerte, más profundo, y más seguro de lo que nunca imaginamos posible. Si somos cristianas, creemos que es verdad la esperanza de que el Evangelio está transformando nuestro matrimonio, Dios está obrando en nosotras, y lo está haciendo en nuestro cónyuge. En los tiempos dulces, nos regocijamos; en los difíciles, todavía hay muchas razones para tener esperanza. Toma en cuenta todo lo que no debes hacer en tu matrimonio.

Por: Elisha Galotti

 

Dios sanara tu matrimonio

NO ES TU MATRIMONIO MÁS QUE HUESOS SECOS EN EL DESIERTO?
Sé lo que significa tener un matrimonio que ha muerto, nada más que huesos secos en el desierto de divorcio. También sé que Dios puede dar vida a un matrimonio muerto.Dios sanará tu matrimonio. El sopló del Espíritu Santo sobre los huesos  A través de este milagro, sé que «yo soy» es el Señor. No hay matrimonio, no importa que tan muerto, que está más allá del poder sanador de Dios.

‘PONDRÉ MI ESPÍRITU EN VOSOTROS, Y VIVIRÉIS, Y OS PONDRÉ EN VUESTRA TIERRA. ENTONCES SABRÉIS QUE YO, EL SEÑOR, HE HABLADO Y LO HE HECHO’–DECLARA EL SEÑOR.» Ezequiel 37,14

Dios sanara tu matrimonio. También quiere manifestar su poder en tu matrimonio. Dios quiere usar tu situación como testimonio de su gran poder. ¿QUIERES QUE DIOS HAGA POR TI LO QUE ÉL HA HECHO POR MÍ Y POR MUCHOS OTROS MATRIMONIOS MUERTOS? Entrégale los huesos secos de tu matrimonio a Dios. Pídele que sople El Espíritu Santo sobre los restos sin vida. A su debido tiempo, le dará nueva vida a los «huesos secos» de tu matrimonio. Confía en Dios para hacer esto para ti. Él es poderoso en el poder y es más grande que cualquier problema que estás enfrentando.

GRANDE ES NUESTRO SEÑOR, Y MUY PODEROSO… Salmo 147,5

¿CREES EN EL PODER SANADOR DE DIOS PARA RESTAURAR TU MATRIMONIO MUERTO? ¿CONFÍAS EN DIOS CON TODO TU CORAZÓN? ¿ESTÁS DISPUESTO A ARRIESGARLO TODO POR CONFIAR TODO TU FUTURO A ÉL? Confía y cree en el poder milagroso de Dios.

ALGUNOS CONFÍAN EN CARROS, Y OTROS EN CABALLOS; MAS NOSOTROS EN EL NOMBRE DEL SEÑOR NUESTRO DIOS CONFIAREMOS. Salmo 20,07

Dios hará lo imposible en tu matrimonio. Si a estado muerto y enterrado por mucho tiempo o se a puesto frío, Dios soplará nueva vida en él y lo restaurara a su antigua gloria. Dios reemplazara los corazones de piedra por corazones de carne, en el fuego del Espíritu Santo.

YO LES DARÉ UN SOLO CORAZÓN Y PONDRÉ UN ESPÍRITU NUEVO DENTRO DE ELLOS. Y QUITARÉ DE SU CARNE EL CORAZÓN DE PIEDRA Y LES DARÉ UN CORAZÓN DE CARNE. Ezequiel 11,19

Dios está esperando para ayudarte. Confía en Él con todo su corazón. Rinde tu vida a su señorío. Obedece sus mandamientos. Dios es la fuente de vida. Sólo Él puede traer la sanidad que así deseas. Él es el único camino a una casa sanada. Todos los demás caminos conducen a la desesperación y la destrucción. Confía tu matrimonio al Creador del mundo.Dios sanará tu  matrimonio Él puede y lo hará.

 

LA ORACIÓN MANTIENE LA UNIÓN EN EL MATRIMONIO

«Los esposos son una sola carne en el amor»
Hay muchas dificultades y problemas en la familia – expresó Francisco Papa – y a veces hasta vuelan los platos, pero es importante que no termine el día sin hacer las paces con un pequeño gesto, una caricia. El secreto es que el amor es más fuerte que el momento de la pelea.
Con la oración del uno por el otro y las tres palabras claves de una familia: permiso, gracias y perdón, se puede llevar adelante la vida con el coraje de querer vivirla juntos. Y esto es muy grande y bello, afirmó el Obispo de Roma en la catequesis sobre el sacramento del matrimonio, donde fundamentó que: somos creados para amar como reflejo de Dios y de su amor. Dios, que creó al hombre a su imagen, capaz de amar; “hombre y mujer los creó”. Dios se refleja en ellos, explicó Francisco.
El Sacramento confiere a los esposos una misión: manifestar en las cosas simples y cotidianas el amor de Cristo a su Iglesia, entregándose en la fidelidad y el servicio.Este gran misterio se vive en la fragilidad, insistió el Vicario de Cristo. No faltan las dificultades, por eso es importante la oración para fortalecer el vínculo.
Y en español, el Papa Francisco, concluyó invitando a todos a dar gracias a Dios por tantas familias que animan nuestras comunidades cristinas, ofreciendo un hermoso testimonio de fe. Recemos también – pidió – por los matrimonios en dificultad, para que el Señor les regale abundantemente su misericordia y los sostenga en medio de las pruebas.
Jesuita Guillermo Ortiz – RV
Texto completo de la catequesis del Papa en español:
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy concluimos el ciclo de catequesis sobre los Sacramentos hablando del Matrimonio. Este Sacramento nos conduce al corazón del designio de Dios, que es un designio de alianza con su pueblo, con todos nosotros, un designio de comunión. Al inicio del libro del Génesis, el primer libro de la Biblia, como coronación del relato de la creación, se dice: “Dios creó el hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer… Por eso el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y los dos llegan a ser una sola carne”. (Gen 1,27; 2,24). La imagen de Dios es la pareja matrimonial, el hombre y la mujer, los dos. No solamente el varón, el hombre, no sólo la mujer, no, los dos. Y ésta es la imagen de Dios: es el amor, la alianza de Dios con nosotros está allí, está representada en aquella alianza entre el hombre y la mujer. Y esto es muy bello, es muy bello.
Somos creados para amar, como reflejo de Dios y de su amor. Y en la unión conyugal el hombre y la mujer realizan esta vocación en el signo de la reciprocidad y de la comunión de vida plena y definitiva.
1. Cuando un hombre y una mujer celebran el sacramento del Matrimonio, Dios, por así decir, se “refleja” en ellos, imprime en ellos los propios lineamientos y el carácter indeleble de su amor. Un matrimonio es la imagen del amor de Dios con nosotros, es muy bello. También Dios, en efecto, es comunión: las tres Personas del Padre, el Hijo y del Espíritu Santo viven desde siempre y para siempre en unidad perfecta. Y es justamente éste el misterio del Matrimonio: Dios hace de los dos esposos un sola existencia. Y la Biblia es fuerte dice “una sola carne”, ¡así intima es la unión del hombre y de la mujer en el matrimonio! Y es justamente este el misterio del matrimonio. Es el amor de Dios que se refleja en el matrimonio, en la pareja que decide vivir juntos y por esto el hombre deja su casa, la casa de sus padres, y va a vivir con su mujer y se une tan fuertemente a ella que se transforman, dice la Biblia, en una sola carne. No son dos, es uno.
2. San Pablo, en la Carta a los Efesios, pone de relieve que en los esposos cristianos se refleja un misterio “grande”: la relación establecida por Cristo con la Iglesia, una relación nupcial (cf. Ef 5 0,21-33). La Iglesia es la esposa de Cristo: esta relación. Esto significa que el matrimonio responde a una vocación específica y debe ser considerado como una consagración (cf. Gaudium et spes, 48; Familiaris consortio, 56). Es una consagración. El hombre y la mujer están consagrados por su amor, por amor. Los cónyuges, de hecho, por la fuerza del Sacramento, están investidos por una verdadera y propia misión, de modo que puedan hacer visible, a partir de las cosas simples, comunes, el amor con que Cristo ama a su Iglesia y continúa dando la vida por ella, en la fidelidad y en el servicio.
3. ¡Realmente es un designio maravilloso aquel que es inherente en el sacramento del Matrimonio! Y se lleva a cabo en la simplicidad y también la fragilidad de la condición humana. Sabemos muy bien cuántas dificultades y pruebas conoce la vida de dos esposos… Lo importante es mantener vivo el vínculo con Dios, que es la base del vínculo matrimonial.

El verdadero vínculo es siempre con el Señor. Cuando la familia reza, el vínculo se mantiene. Cuando el esposo reza por la esposa y la esposa reza por el esposo ese vínculo se hace fuerte. Uno reza con el otro. Es verdad que en la vida matrimonial hay tantas dificultades, ¿tantas no? Que el trabajo, que el sueldo no alcanza, los chicos tienen problemas, tantas dificultades. Y tantas veces el marido y la mujer se ponen un poco nerviosos y pelean entre ellos, ¿o no? Pelean, ¿eh? ¡Siempre! Siempre es así: ¡siempre se peleas, eh, en el matrimonio! Pero también, algunas veces, vuelan los platos ¿eh? Ustedes se ríen, ¿eh? pero es la verdad. Pero no nos tenemos que entristecer por esto. La condición humana es así. El secreto es que el amor es más fuerte que el momento en el que se pelea. Y por esto yo aconsejo a los esposos siempre que no terminen el día en el que han peleado sin hacer la paz. ¡Siempre! Y para hacer la paz no es necesario llamar a las Naciones Unidas para que vengan a casa a hacer las paces. Es suficiente un pequeño gesto, una caricia: ¡Chau y hasta mañana! Y mañana se empieza de nuevo. Esta es la vida, llevarla adelante así, llevarla adelante con el coraje de querer vivirla juntos. Y esto es grande, es bello ¿eh?Es una cosa bellísima la vida matrimonial y tenemos que custodiarla siempre, custodiar a los hijos. Algunas veces yo he dicho aquí que una cosa que ayuda tanto en la vida matrimonial son tres palabras. No sé si ustedes recuerdan las tres palabras. Tres palabras que se deben decir siempre, tres palabras que tienen que estar en casa: “permiso, gracias, disculpa”. Las tres palabras mágicas, ¿eh? Permiso, para no ser invasivo en la vida de los conyugues. ”Permiso, pero, ¿qué te parece, eh?” Permiso, me permito ¿eh?
¡Gracias! Agradecer al conyugue: “pero gracias por aquello que hiciste por mí, gracias por esto”. La belleza de dar las gracias. Y como todos nosotros nos equivocamos, aquella otra palabra que es difícil de decir, pero que es necesario decirla: perdona, por favor, ¿eh? ¡Disculpa! ¿Cómo era? Permiso, gracias y disculpa. Repitámoslo juntos. Permiso, gracias y disculpa. Con estas tres palabras, con la oración del esposo por la esposa y de la esposa por el esposo y con hacer la paz siempre, antes de que termine el día, el matrimonio irá adelante. Las tres palabras mágicas, la oración y hacer la paz siempre. El Señor los bendiga y recen por mí. ¡Gracias!

La ley del matrimonio

Amor y Fidelidad es la ley del matrimonio. Si actuamos con responsabilidad en este proyecto, el cual voluntariamente decidimos llevar a cabo, aunque existan discusiones y malos entendidos, debemos esforzarnos en ir limando las asperezas con diálogos frecuentes, dando oportunidad a que ambos digan sus puntos de vista. No olvidemos que es la misión que debemos cumplir y debemos luchar hasta el final.

Todos nos casamos por las mismas razones. ¡Soñamos construir una vida juntos, una carrera brillante y mimar hijos, para pasar el resto de nuestras vidas con la persona que hizo que nos sintiéramos en las nubes! Sin embargo, esos sueños suelen desvanecerse bajo el peso de miles de presiones diarias.

La Biblia dice que «dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne» (Génesis 2,24).

En otras palabras, de alguna forma tiene lugar una «unión» mística en la que nos convertimos misteriosamente en «una sola carne» ante Dios. Ninguna otra relación humana puede acercarse a esta.

ORACIÓN

Señor te suplicamos que nuestra vida matrimonial sirva de ejemplo a las demás parejas. Cuando existe el verdadero amor, el Espíritu Santo, mantiene la llama encendida y nos renueva constantemente, nos sentimos felices y hacemos sentir felices al ser que elegimos como esposo (a). Amar es darse uno mismo sin egoísmo. Señor amado. Centro de nuestras vidas, quédate con nosotros en cada uno de nuestros hogares. Lo pedimos en el Nombre de Jesús. ¡Amén!

Secreto del amor: permiso,gracias y perdón

Hoy en nuestras familias, en nuestro mundo, a menudo violento y arrogante, hace falta mucha más cortesía. Y esto puede comenzar en casa”, dijo Francisco aludiendo a lo que consideró “el secreto” del amor.

En el marco del Día de San Valentín y ante miles de parejas de novios reunidos en la Plaza San Pedro, el papa Francisco se pronunció hoy en contra de la violencia de género y familiar y dijo que “el amor verdadero no se impone con dureza y agresividad”, sino “con cortesía”.

“Hoy en nuestras familias, en nuestro mundo, a menudo violento y arrogante, hace falta mucha más cortesía. Y esto puede comenzar en casa”, dijo Francisco aludiendo a lo que consideró “secreto” del amor.

Francisco recordó a los jóvenes la necesidad de usar siempre las palabras “permiso, gracias y perdón”.

“Pedir permiso -explicó- significa saber entrar con cortesía en la vida de los otros. A veces en cambio se usan modos un poco pesados, como algunos zapatones de montaña”.

Además la “gratitud”, afirmó, es “una flor que crece en tierra noble: es necesaria la nobleza del alma para que crezca esta flor”.

“Decirse gracias mutuamente, para cada cosa. No es una palabra amable que hay que usar con los extraños, para ser educados. Hay que saber decirse gracias, para avanzar bien juntos”, agregó Francisco.

El otro consejo es pedir siempre perdón, según el Sumo Pontífice.

“En general cada uno de nosotros está listo para acusar al otro y justificarse a sí mismo. Es un instinto que está en el origen de muchos desastres. Aprendamos a reconocer nuestros errores y a pedir disculpas”, resaltó.

“También así -dijo- crece una familia cristiana. Sabemos todos que no existe la familia perfecta, y ni siquiera el marido perfecto, o la esposa perfecta”.

“­No hablemos de la suegra perfecta”, agregó el Papa con una sonrisa.

Francisco admitió que “es habitual pelear entre esposos” y puede ocurrir también que “vuele algún plato”.

“Pero por favor recuerden esto, nunca terminen el día sin hacer las paces. Este es un secreto, un secreto para conservar el amor”, sugirió.

“Si terminas el día sin hacer las paces -concluyó- lo que tienes dentro al día siguiente es frío, es duro, es más difícil hacer las paces. Si aprendemos a pedirnos perdón y a perdonarnos mutuamente el matrimonio durará e irá hacia adelante”.

Para construir un matrimonio santo

El Evangelio de Hoy san Marcos 2, 18-22
Para construir un matrimonio santo
La vida cristiana es alegre.
Del santo Evangelio según san Marcos 2, 18-22

En una ocasión en que los discípulos de Juan el Bautista y los fariseos ayunaban, algunos de ellos se acercaron a Jesús y le preguntaron: «¿Por qué los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, y los tuyos no?».

Jesús les contestó: «¿Cómo van a ayunar los invitados a una boda, mientras el novio está con ellos? Mientras está con ellos el novio, no pueden ayunar. Pero llegará el día en que el novio les será quitado y entonces sí ayunarán.

Nadie le pone un parche de tela nueva a un vestido viejo, porque el remiendo encoge y rompe la tela vieja y se hace peor la rotura. Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino rompe los odres, se perdería el vino y se echarían a perder los odres. A vino nuevo, odres nuevos».

Palabra del Señor.

Oración
Jesucristo, dame el don de encontrarme contigo en esta oración con un corazón arrepentido por no haber sido fiel a tu amor, pero con la certeza que tu misericordia es infinita y que me esperas para renovar mi fe y acrecentar mi esperanza para poder amarte más.

Petición
Jesús, ayúdame a ser un fiel seguidor tuyo. Que no traicione nunca mis principios como cristiano, no por temor o por el qué dirán, sino por el amor que te tengo.


Meditación El Evangelio de Hoy san Marcos 2, 18-22
Para construir un matrimonio santo
La vida cristiana es alegre.

«»Cuando está el esposo no se puede ayunar, no se puede estar triste», el Señor vuelve a menudo sobre esta imagen del esposo. Jesús porque nos hace ver la relación entre Él y la Iglesia como una boda.

Pienso que este es precisamente el motivo más profundo por el que la Iglesia custodia tanto el sacramento del matrimonio y lo llama Sacramento grande, porque es precisamente la imagen de la unión de Cristo con la Iglesia.

El cristiano debería tener siempre una actitud de alegría, porque su fe es una gran fiesta. El cristianismo es fundamentalmente alegre. Y por esto al final del Evangelio, cuando llevan el vino, me hace pensar en las bodas de Caná: y por esto Jesús ha hecho ese milagro, por eso la Virgen, cuando se ha dado cuenta que no había más vino, porque si no hay vino no hay fiesta… Imaginaba terminar las bodas, bebiendo el té o el zumo: no funciona…. es fiesta y la Virgen pide el milagro. Y así es la vida cristiana. La vida cristiana tiene esta actitud alegre, alegre de corazón.

Del mismo modo, hay momentos de cruz, momentos de dolor, pero siempre hay esa paz profunda de la alegría, porque la vida cristiana se vive como fiesta, como las bodas de Jesús con la Iglesia» (S.S. Francisco, 6 de septiembre de 2013, homilía en Misa matutina en Santa Marta).

Diálogo
«Para construir un matrimonio santo, que refleje el amor oblativo de Cristo a su Esposa la Iglesia, necesitan una fuerza que sea más poderosa que la humana, necesitan la ayuda de la gracia. Y la gracia divina vendrá a raudales al matrimonio y a la familia que ora, que hace del hogar un templo»

Propósito
Voy a retomar el camino hacia la verdadera felicidad al acercarme al sacramento de la Eucaristía esta semana.

El Evangelio de Hoy san Marcos 2, 18-22
Para construir un matrimonio santo
La vida cristiana es alegre.
Del santo Evangelio según san Marcos 2, 18-22

Desde un principio los hizo hombre y mujer

El Evanglio de Hoy
Viernes 16 de Agosto de 2013
Desde un principio los hizo hombre y mujer
Santo Evangelio según san Mateo 19, 3-12

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En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y, para ponerle una trampa, le preguntaron: «¿Le está permitido al hombre divorciarse de su esposa por cualquier motivo?».

Jesús les respondió: «¿No han leído que el Creador, desde un principio ‘los hizo hombre y mujer,’ y dijo: “Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, para unirse a su mujer, y serán los dos una sola cosa?” De modo que ya no son dos, sino una sola cosa. Así pues, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre». Continue reading

Cuatro pasos para rezar con su cónyuge

Cuatro pasos para rezar con su cónyuge
Fortalece tu matrimonio orando constantemente por tu pareja y con tu pareja.

¿Se ha preguntado alguna vez cómo rezar más íntimamente con su esposo? ¿Le gustaría estar espiritualmente más cerca de su esposa? Puesto que la misa es la oración perfecta entre Cristo y su Esposa, la Iglesia, las parejas pueden aprender mucho de la misa acerca de cómo rezar juntos como esposos y de cómo a la vez aumentar su intimidad. Los esposos que quieren aprender a rezar juntos pueden comenzar por seguir la misma estructura que sigue la misa. Así que observemos primero cómo el Pueblo de Dios, la Iglesia, reza durante la misa, y luego exploraremos cuatro pasos sencillos para rezar con su cónyuge

Estructura de la Misa
La misa consta de cuatro partes: el Rito de Entrada, la Liturgia de la Palabra, la Liturgia Eucarística y el Rito de Conclusión. En el Rito de Entrada, la Iglesia se reúne, hace la señal de la cruz, y le pide perdón a Dios, lo cual prepara nuestros corazones para una unión más profunda con Él. Luego viene la Liturgia de la Palabra, durante la cual escuchamos activamente las lecturas de las escrituras. Esta etapa se puede comparar con una conversación entre Cristo y la Iglesia; Cristo nos habla en las lecturas y nosotros cantamos salmos a Dios con el corazón. Después, en la Liturgia Eucarística, Cristo y la Iglesia intercambian su amor mutuo. Mediante la transformación del pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, Cristo se hace substancialmente presente. Él se nos da en la Eucaristía; nosotros, a la vez, lo recibimos y nos entregamos a Él, profundizando -una íntima unión. Finalmente, el Rito de Conclusión nos recuerda ir en paz a servir al Señor siempre.

Cuatro pasos sencillos
Rezar con su esposo debería ser sencillo y enriquecedor. Se puede comenzar por seguir la estructura de la misa. He aquí un proceso de cuatro pasos para rezar juntos como esposo y esposa.

Primer paso: Reconciliarse y llenarse de gozo
Primero, aparten algún tiempo durante la semana para los dos, a solas; reúnanse en un lugar cómodo o den un paseo tomados de las manos. Hagan la señal de la cruz y tómense un momento para estar presentes el uno para el otro y para Dios, como al comienzo de la misa. Al comenzar, tómense un tiempo para reconciliarse; hablen de cómo podrían haber herido al otro durante la semana, luego pidan perdón y perdónense. Esto les ayudará a acercarse a Dios con el corazón abierto y a estar unidos en la oración. Una vez se hayan reconciliado, llénense de gozo ofreciendo una oración de acción de gracias a Dios.

Segundo paso: Descubrir a Dios juntos

El segundo paso se basa en la Liturgia de la Palabra. Luego de reconciliarse y llenarse de gozo, pasen un tiempo descubriendo a Dios juntos. Hay varias formas de hacer esto; por ejemplo, podrían leer la Biblia y comentar juntos el pasaje leído. Si no saben por dónde comenzar a leer la Biblia, una buena opción es leer el evangelio que se proclamará el siguiente domingo. Las lecturas de la misa de cada día se pueden ver en  www.fb.com/EvangelioHoy

Otra opción es leer los salmos, que han sido llamados el “libro de oraciones”. Los salmos expresan dolor y gozo, temor y esperanza, anhelo de Dios, y alabanza. Al mirar los títulos de los salmos juntos pueden encontrar alguno con el que puedan identificarse en ese momento. Recen con el salmo pausadamente y luego comenten cómo el salmo les mueve por dentro y en qué los hace pensar.

Otra manera de acercarse a Dios juntos es simplemente hablar de lo que piensan en sus mentes y lo que sienten en sus corazones. ¿De qué están agradecidos esta semana? ¿Qué dificultades se presentan en sus vidas? ¿Qué necesitan del otro y de Dios? Respondan estas preguntas honestamente y luego ofrezcan oraciones de petición a Dios. Recuerden dar gracias a Dios al verle responder fielmente a sus peticiones.

Tercer paso: Compartir el amor
El tercer paso se deriva de la Liturgia Eucarística. Después de descubrir a Dios juntos, pueden profundizar en la oración compartiendo su amor mutuo. Compartir el amor en el contexto de la oración puede incluir un beso, descansar en los brazos del otro, cuidar del esposo enfermo, decir unas palabras de apoyo o alguna otra genuina muestra de amor. Nuevamente, tengan un corazón agradecido a medida que su intimidad profundiza la presencia de Dios.

Cuarto paso: Servir al otro por reverencia a Cristo
A medida que su tiempo juntos se acerca al final, recuerden irse en paz para servir al Señor y el uno al otro. ¡La oración y la intimidad nunca terminan! Que su servicio e intimidad vivan cada día mientras cocinan, limpian, escuchan, trabajan, etc. El fruto que brotará de su rutina de oración bendecirá su matrimonio, profundizará su amor por Dios y el del uno por el otro, y les permitirá reflejar el amor entre Cristo y su amada esposa, la Iglesia.