ACTO DE CONSAGRACIÓN A LA VIRGEN DE FÁTIMA (POR EL PAPA FRANCISCO):

Bienaventurada María Virgen de Fátima,
con renovada gratitud por tu presencia maternal
unimos nuestra voz a la de todas las generaciones
que te llaman bienaventurada.

Celebramos en ti las grandes obras de Dios,
que nunca se cansa de inclinarse con misericordia hacia la humanidad,
afligida por el mal y herida por el pecado,
para curarla y salvarla.

Acoge con benevolencia de Madre
el acto de consagración que hoy hacemos con confianza,
ante esta imagen tuya tan querida por nosotros.

Estamos seguros de que cada uno de nosotros es precioso a tus ojos,
y que nada de lo que habita en nuestros corazones es ajeno a ti.

Nos dejamos alcanzar por tu dulcísima mirada
y recibimos la consoladora caricia de tu sonrisa.

Custodia nuestra vida entre tus brazos:
bendice y refuerza todo deseo de bien;
reaviva y alimenta la fe;
sostiene e ilumina la esperanza;
suscita y anima la caridad;
guíanos a todos nosotros por el camino de la santidad.

Enséñanos tu mismo amor de predilección
por los pequeños y los pobres,
por los excluidos y los que sufren,
por los pecadores y los extraviados de corazón:
congrega a todos bajo tu protección
y entrégalos a todos a tu dilecto Hijo, el Señor nuestro Jesús.

Amén.

Pedir perdón

Para pedir perdón a Dios es necesario seguir la enseñanza del “Padrenuestro”: arrepentirse con sinceridad de los propios pecados, sabiendo que Dios perdona siempre; y perdonar a los demás con la misma amplitud del corazón. Lo reafirmó el Papa Francisco durante su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.

Dios es omnipotente, pero también su omnipotencia, en cierto sentido, se detiene ante la puerta cerrada de un corazón. Un corazón que no quiere perdonar a quien lo ha herido. El Papa Francisco se inspiró en el Evangelio del día en el que Jesús explica a Pedro que es necesario perdonar “setenta veces siete”, que equivale a “siempre”, para reafirmar que el perdón de Dios a nuestros pecados y nuestro perdón a los demás están estrechamente relacionados.

“Perdóname”, no “discúlpame”

El Papa explicó que todo parte de cómo nosotros, en primer lugar, nos presentamos a Dios para pedir que nos perdone. La Lectura del día muestra al profeta Azarías que invoca clemencia por el pecado de su pueblo, culpable de haber “abandonado la ley del Señor”, y que está sufriendo. Azarías – dijo el Santo Padre – no protesta, “no se lamenta ante Dios” por los sufrimientos, sino que más bien reconoce los errores del pueblo y “se arrepiente”:

“Pedir perdón no es lo mismo que pedir disculpas. ¿Yo me equivoco? ‘Discúlpame, me he equivocado’… ¿He pecado? El pecado no es una simple equivocación. El pecado es idolatría, es adorar al ídolo, al ídolo del orgullo, de la vanidad, del dinero, del ‘mí mismo’, del bienestar… Tantos ídolos que nosotros tenemos. Y por esta razón Azarías no pide disculpas. Pide perdón”.

Perdona a quien te ha hecho el mal

Hay que pedir perdón sinceramente, con el corazón; y de corazón debe ser dado el perdón a quien nos ha ofendido. Como el patrón de la parábola evangélica relatada por Jesús, que condona una deuda enorme a un siervo suyo porque se compadece ante sus súplicas. Pero ese mismo siervo no perdona a su semejante, lo trata sin piedad y lo manda a la cárcel, a pesar de que le debía tan solo una suma irrisoria. La dinámica del perdón – recordó Francisco – es la que enseña Jesús en el “Padrenuestro”:

“Jesús nos enseña a rezar así al Padre: ‘perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden’. Si yo no soy capaz de perdonar, no soy capaz de pedir perdón. ‘Pero, Padre, yo me confieso, voy a confesarme…’. ‘¿Y qué haces antes de confesarte?’. ‘Pienso en las cosas que he hecho mal…’. ‘Está bien’. ‘Después pido perdón al Señor y prometo no volver a hacerlas…’. ‘Bien. Y después vas al sacerdote. Pero antes te falta una cosa: ¿has perdonado a aquellos que te han hecho el mal?’”

Conscientes del pecado

En una palabra, Francisco resumió que “el perdón que Dios te dará”, requiere “el perdón que tú des a los demás”:

“Este es el razonamiento que Jesús nos enseña sobre el perdón. Primero: pedir perdón no es un sencillo pedir disculpas, es ser consciente del pecado, de nuestra idolatría, de las tantas idolatrías. Segundo: Dios siempre perdona, siempre. Pero pide que yo perdone. Si yo no perdono, en cierto sentido cierro la puerta al perdón de Dios. ‘Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden’”.

Hacer el bien

HOMILÍA DEL MARTES: DIOS PERDONA GENEROSAMENTE A QUIEN HACE EL BIEN

Si aprendemos a ‘hacer el bien’, Dios ‘perdona generosamente’ todo pecado. Lo que no perdona es la hipocresía, la ‘santidad fingida’. Son palabras del Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina, en la capilla de la Casa de Santa Marta.

Aprendan a hacer el bien, busquen la justicia

El Papa Francisco puso en el centro de su meditación dos tipos de personas: los santos fingidos, que se preocupan más por aparentar que por ser santos de verdad; y los pecadores santificados, que más allá del mal que hicieron, han aprendido a ‘hacer’ un bien más grande. No hay duda sobre a quién de ellos prefiere Dios, afirmó el Pontífice.

La lectura de hoy del profeta Isaías es un imperativo y, al mismo tiempo, una ‘invitación’ que viene directamente de Dios: ‘¡Dejen de hacer el mal, aprendan a hacer el bien’, defendiendo a los huérfanos y a las viudas, es decir – subrayó el Papa Francisco – ‘a aquéllos que nadie recuerda’. Entre los cuales están también ‘los ancianos abandonados, los niños que no van a la escuela’ y los que ‘no saben hacerse la señal de la Cruz’.

Detrás del imperativo y de la invitación está siempre la invitación a la conversión. “Pero ¿cómo puedo convertirme? ¡Aprendan a hacer el bien! La suciedad del corazón no se quita como se quita una mancha: vamos a la tintorería y salimos limpios… Se quita con el ‘hacer’, tomando un camino distinto, un camino que no sea el del mal. ¡Aprendan a hacer el bien! Es decir el camino del hacer el bien”.

“Y ¿cómo hago el bien? ¡Es simple! ‘Busquen la justicia, socorran al oprimido, brinden justicia al huérfano, defiendan la causa de la viuda’. Recordemos que en Israel los más pobres y los más necesitados eran los huérfanos y las viudas: hagan justicia, vayan donde están las llagas de la humanidad, donde hay tanto dolor… De este modo, haciendo el bien, lavarás tu corazón”.

Y la promesa de un corazón lavado, es decir, perdonado, viene del mismo Dios, que no lleva la cuenta de los pecados ante quien ama verdaderamente al prójimo:

“Si haces esto, si vienes por este camino al que te invito – nos dice el Señor – ‘aunque sus pecados fueran color escarlata, se volverán blancos como la nieve’. El Señor nos da el don de su perdón. El Señor perdona generosamente. ¡El Señor perdona siempre todo! ¡Todo! Pero, si quieres ser perdonado, debes empezar por el camino del hacer el bien”.

La trampa de la apariencia

El Evangelio del día presenta al grupo de los astutos, los que ‘dicen cosas justas, pero hacen lo contrario’, señaló el Santo Padre, añadiendo que ‘todos somos astutos y siempre encontramos un modo para parecer más justos de lo que somos, el camino de la hipocresía’:

“Son los que fingen que se convierten, pero su corazón es una mentira: ¡son mentirosos! Es una mentira… Su corazón no pertenece al Señor; pertenece al padre de todas las mentiras, a satanás. Y ésta es la santidad fingida”.

“Jesús prefería mil veces a los pecadores, antes que a ellos. ¿Por qué? Porque los pecadores decían la verdad sobre ellos mismos. ¡Aléjate de mí Señor que soy un pecador!’: lo dijo Pedro, una vez. ¡Pero los astutos nunca dicen esto!”. Así hablaba el fariseo de la parábola: ‘Te doy gracias, Señor, porque no soy pecador, porque soy justo’…

“En la segunda semana de Cuaresma hay estas tres palabras para pensar, meditar: la invitación a la conversión, el don que nos dará el Señor – es decir un don grande, un perdón grande, y la trampa. Es decir fingir que nos convertimos, pero tomar el camino de la hipocresía”.

Consejos del papa Francisco a las familia

Los consejos del Papa a las familias en su magistral discurso en Filipinas

 

Durante el multitudinario encuentro del Papa con familias en Manila, Francisco les dio varios consejos para ser felices. El primero de ellos: Que no dejen de soñar.
FRANCISCO
“Toda mamá y todo papá soñó a su hijo durante nueve meses. ¿Es verdad o no? Soñar cómo será el hijo. ¡No es posible tener una familia si no se sueña! Cuando en una familia se pierde la capacidad de soñar los chicos no crecen, el amor no crece, la vida se debilita y se apaga”.
Para no dejar de soñar ni de cultivar sueños les recomendó que siempre, antes de dormir, reflexionen.
FRANCISCO
“Por eso les recomiendo que a la noche, cuando hacen el examen de conciencia se hagan también esta pregunta: ¿Hoy soñé con el futuro de mis hijos? ¿Hoy soñé con el amor de mi esposo, de mi esposa?”.
A los padres y a las madres les recomendó que no pierdan el amor de los comienzos.
FRANCISCO
“Es muy importante recuperar el amor a través de la ilusión todos los días. ¡Nunca dejen de ser novios!”.
Pero también dio consejos para los hijos y los hermanos, sobre todo para que descubran la importancia de los abuelos en la familia.
FRANCISCO
“¿Hoy soñé con mis padres y mis abuelos que llevaron la historia hasta mí? Es tan importante soñar… Por favor, no pierdan esta capacidad de soñar”.
El Papa aconsejó a los padres que encuentren tiempo para rezar, a pesar del trabajo y de las obligaciones cotidianas del hogar.
FRANCISCO
“Si no rezamos, no conoceremos lo más importante de todo: la voluntad de Dios sobre nosotros. Y a pesar de toda nuestra actividad y ajetreo, sin la oración, lograremos muy poco”.
El Papa reconoció que es un gran devoto de San José. Dijo que en su escritorio tiene una imagen de San José durmiendo, porque el ángel le explicó cómo resolver sus problemas cuando estaba descansando.
FRANCISCO
“Y cuando tengo un problema, una dificultad, escribo un papelito y lo pongo debajo de San José ¡para que lo sueñe! Esto significa para que rece por ese problema”.
Francisco también abordó problemas no tan relacionados con la vida cotidiana. Dijo que la familia está sufriendo una colonización ideológica contra la que se debe defender.
FRANCISCO
“Y así como nuestros pueblos, en un momento de su historia llegaron a la madurez de decirle ‘no’ a cualquier colonización política, como familias tenemos que ser muy, muy sagaces, muy hábiles, muy fuertes para decir ‘no’ a cualquier intento de colonización ideológica sobre la familia. Y pedirle a San José, que es amigo del ángel, que nos mande la inspiración para saber cuándo decir sí y cuándo decir no”.
Recordó al recientemente beatificado Pablo VI, quien afrontó en su tiempo eldebate sobre el control de la población.
FRANCISCO
“Vio esta amenaza de destrucción de la familia por la privación de los hijos. Pablo VI era valiente. Era un buen pastor. Y alertó a sus ovejas sobre los lobos que venían”.
Antes de terminar Francisco pidió a los filipinos que cuidaran especialmente de los ancianos y de los niños sin padres.
En el país hay más de 200.000 niños abandonados por sus padres, que son hombres de negocios sin escrúpulos que dejaron una segunda familia en Filipinas cuando estaban de paso.

Consejos del papa Francisco para ser buen padre

“Un buen padre sabe atender y perdonar, desde lo profundo del corazón”, afirmó el Papa Francisco durante la Audiencia General en el Aula Pablo VI, en la que reflexionó sobre el papel del padre en la familia, poniendo como ejemplo la parábola del Hijo Pródigo.

Como ya anunciase la semana pasada, la catequesis de hoy se refirió a la función del padre en la familia, desde una perspectiva positiva, dejando de lado los “peligros de los padres ‘ausentes’”.

“Toda familia necesita al padre”, comenzó diciendo. El padre “sabe todo lo que cuesta transmitir esta herencia: la cercanía, la dulzura y la firmeza” pero también “¡cuánto consuelo y cuanta recompensa se recibe cuando los hijos rinden honor a esta herencia! Es una alegría que redime toda fatiga, que supera cada incomprensión y cura todas las heridas”.

Francisco habló después de algunas necesidades, como “que el padre esté presente en la familia”. “Que sea cercano con la mujer, para compartir todo, alegría y dolores, fatigas y esperanzas, y que sea cercano a los hijos durante su crecimiento: cuando juegan y cuando se empeñan en algo, cuando están despreocupados y cuando están angustiados, cuando se expresa y cuando están taciturnos, cuando son atrevidos y cuando tienen miedo, cuando dan un paso equivocado y cuando reencuentran el camino”. En todas estas ocasiones “el padre debe estar siempre presente”.

Pero, el Papa FRancisco alertó de que estar presente no es lo mismo que “controlar”: “Los padres demasiado controladores anulan a los hijos, no les dejan crecer”.

El Pontífice puso como ejemplo el Evangelio que habla de Dios como de un “padre bueno” y la Parábola del Hijo Pródigo o “del padre misericordioso”.

“Los padres deben ser pacientes. Muchas veces no hay que hacer nada más que esperar, rezar y esperar con paciencia, dulzura, magnanimidad, misericordia”.

Y es que “un buen padre sabe atender y perdonar, desde lo profundo del corazón”. Aunque “es verdad que también corregir con firmeza: no es un padre débil, que deja hacer lo que sea, sentimental. El padre sabe corregir sin desanimar y al igual sabe proteger sin descanso”.

Para hacer más comprensibles sus palabras el Papa puso el siguiente ejemplo: “Una vez escuché en una reunión de matrimonio a un padre decir: ‘algunas veces tengo que pegar un poco a los hijos… pero nunca en la cara para no humillarles’”.

“Sin la gracia que viene del Padre que está en los cielos, los padres pierden la valentía y abandonan el campo, pero los hijos necesitan encontrar a un padre que les espere cuando vuelvan de sus fallos. Harán lo que sea para no admitirlo, para no reconocerlo, pero lo necesitan: y no encontrarlo abre sus heridas difíciles de sanar”.

En su catequesis, Francisco tomó algunas citas del Libro de los Proverbios dirigidas a los propios hijos: “’Hijo mío, si tu corazón es sabio, también se alegrará mi corazón: mis entrañas se regocijarán, cuando tus labios hablen con rectitud’”.

“No se puede expresar mejor el orgullo y la conmoción de un padre que reconoce haber transmitido al hijo lo que de verdad cuenta en la vida, es decir, un corazón sabio”.

El Papa explicó que este padre no decía “estoy orgulloso de ti porque eres igual a mí, porque repites las cosas que digo y que hago yo”. “No, le dice alguna cosa más importante, que podríamos interpretar así: ‘Seré feliz cada vez que te vea actuar con prudencia, y seré conmovido cada vez que escuche hablar con rectitud’”.

“’Esto es lo que he querido dejarte, para que se convierta en algo tuyo: la actitud de escuchar y actuar, de hablar y juzgar con sabiduría y rectitud. Y porque tú podrías ser así, te he enseñado cosas que no sabías, te he corregido errores que no veías. Te he hecho sentir un afecto profundo y al mismo tiempo discreto, que quizás no has reconocido plenamente cuando eras joven e insensato. Te he dado un testimonio de rigor y de firmeza que quizás no entendieras, cuando habrías querido sólo complicidad y protección”.

El Papa Francisco continuó con el ejemplo: “He querido yo mismo, primero, ponerme en la prueba de la sabiduría del corazón, y vigilar los excesos del sentimiento y del resentimiento, para llevar el peso de las inevitables incomprensiones y encontrar las palabras justas para hacerme entender. Cuando veo que buscas ser así con tus hijos, y con todos, me conmuevo. Estoy feliz de ser tu padre”.

Y “esto dice cómo es un padre sabio, un padre maduro”, aseguró Francisco.

Por último, el Papa aseguró que “la Iglesia, nuestra madre, está empeñada en sostener con todas sus fuerzas la buena y generosa presencia de los padres en las familias, porque ellas son para las nuevas generaciones custodios y mediadores insustituibles de la fe en la bondad, de la fe en la justicia y en la protección de Dios, como San José”.

¿Qué amenaza a la familia? La redefinición del matrimonio, advierte el Papa Francisco

(ACI).- El Papa Francisco alertó sobre las amenazas que enfrenta la familia en el mundo actual, especialmente el intento de algunos se redefinir la institución del matrimonio. Ante estas realidades, el Pontífice instó a proteger siempre a toda familia.

En sus palabras en el encuentro con miles de familias en Mall of Asia de Manila, el Papa Francisco dijo que “si, por un lado, demasiadas personas viven en pobreza extrema, otras, en cambio, están atrapadas por el materialismo y un estilo devida que destruye la vida familiar y las más elementales exigencias de la moralcristiana. La familia se ve también amenazada por el creciente intento, por parte de algunos, de redefinir la institución misma del matrimonio, guiados por el relativismo, la cultura de lo efímero, la falta de apertura a la vida”.

El Santo Padre exhortó a estar atentos a “la nueva colonización ideológica. Existen colonizaciones ideológicas que buscan destruir la familia. No nacen del sueño, de la oración, de la misión que Dios nos da. Vienen de afuera, porque eso digo que son colonizaciones. No perdamos la libertad de la misión de la familia”.

“Y así como nuestros pueblos en un momento de su historia llegaron a la madurez de decirle no a cualquier colonización política, como familia tenemos que ser muy sagaces, hábiles y Fuertes para decir no a cualquier intento de colonización ideológica sobre la familia. Y pedirle a San José que es amigo del ángel para que nos diga cuando podemos decir si y cuando podemos decir no”.

“Del mismo modo que el don de la Sagrada Familia fue confiado a San José, así a nosotros se nos ha confiado el don de la familia y su lugar en el plan de Dios. El ángel del Señor le reveló a José los peligros que amenazaban a Jesús y María, obligándolos a huir a Egipto y luego a instalarse en Nazaret. Así también, en nuestro tiempo, Dios nos llama a reconocer los peligros que amenazan a nuestras familias para protegerlas de cualquier daño”.

El Papa dijo además que “las dificultades que hoy pesan sobre la vida familiar son muchas. Aquí, en las Filipinas, multitud de familias siguen sufriendo los efectos de los desastres naturales. La situación económica ha provocado la separación de las familias a causa de la migración y la búsqueda de empleo, y los problemas financieros gravan sobre muchos hogares”.

El Santo Padre resaltó también que “nuestro mundo necesita familias buenas y fuertes para superar estos peligros. Filipinas necesita familias santas y unidas para proteger la belleza y la verdad de la familia en el plan de Dios y para que sean un apoyo y ejemplo para otras familias. Toda amenaza para la familia es una amenaza para la propia sociedad. Como afirmaba a menudo San Juan Pablo II, el futuro de la humanidad pasa por la familia”.

“Así pues, ¡protejan a vuestras familias! Vean en ellas el mayor tesoro de vuestro país y sustentarlas siempre con la oración y la gracia de los sacramentos. Las familias siempre tendrán dificultades, así que no le añadan otras. Más bien, sean ejemplo vivo de amor, de perdón y atención. Sean santuarios de respeto a la vida, proclamando la sacralidad de toda vida humana desde su concepción hasta la muerte natural. ¡Qué don para la sociedad si cada familia cristiana viviera plenamente su noble vocación! Levántense con Jesús y María, y sigan el camino que el Señor traza para cada uno de vosotros”.

El Papa aseguró luego que cada cristiano debe ser una voz profética en medio de la sociedad, como San José: “cuando las familias tienen hijos, los forman en la fe y en sanos valores, y les enseñan a colaborar en la sociedad, se convierten en una bendición para nuestro mundo. El amor de Dios se hace presente y operante a través de nuestro amor y de las buenas obras que hacemos. Extendemos el reino de Cristo en este mundo. Y al hacer esto, somos fieles a la misión profética que hemos recibido en el bautismo”.

El Pontífice pidió luego que se preocupen “de aquellos que no tienen familia, en particular de los ancianos y niños sin padres. No dejen que se sientan nunca aislados, solos y abandonados; ayudadlos para que sepan que Dios no los olvida”.

“Queridos amigos en Cristo –concluyó– sabed que yo rezo siempre por vosotros. Rezo para que el Señor siga haciendo más profundo vuestro amor por él, y que este amor se manifieste en vuestro amor por los demás y por la Iglesia. No dejéis de rezar a menudo y que vuestra oración dé frutos en todo el mundo, de modo que todos conozcan a Jesucristo y su amor misericordioso. Por favor, rezad también por mí, porque necesito verdaderamente vuestras oraciones y siempre cuento con ellas.

LA ORACIÓN MANTIENE LA UNIÓN EN EL MATRIMONIO

“Los esposos son una sola carne en el amor”
Hay muchas dificultades y problemas en la familia – expresó Francisco Papa – y a veces hasta vuelan los platos, pero es importante que no termine el día sin hacer las paces con un pequeño gesto, una caricia. El secreto es que el amor es más fuerte que el momento de la pelea.
Con la oración del uno por el otro y las tres palabras claves de una familia: permiso, gracias y perdón, se puede llevar adelante la vida con el coraje de querer vivirla juntos. Y esto es muy grande y bello, afirmó el Obispo de Roma en la catequesis sobre el sacramento del matrimonio, donde fundamentó que: somos creados para amar como reflejo de Dios y de su amor. Dios, que creó al hombre a su imagen, capaz de amar; “hombre y mujer los creó”. Dios se refleja en ellos, explicó Francisco.
El Sacramento confiere a los esposos una misión: manifestar en las cosas simples y cotidianas el amor de Cristo a su Iglesia, entregándose en la fidelidad y el servicio.Este gran misterio se vive en la fragilidad, insistió el Vicario de Cristo. No faltan las dificultades, por eso es importante la oración para fortalecer el vínculo.
Y en español, el Papa Francisco, concluyó invitando a todos a dar gracias a Dios por tantas familias que animan nuestras comunidades cristinas, ofreciendo un hermoso testimonio de fe. Recemos también – pidió – por los matrimonios en dificultad, para que el Señor les regale abundantemente su misericordia y los sostenga en medio de las pruebas.
Jesuita Guillermo Ortiz – RV
Texto completo de la catequesis del Papa en español:
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy concluimos el ciclo de catequesis sobre los Sacramentos hablando del Matrimonio. Este Sacramento nos conduce al corazón del designio de Dios, que es un designio de alianza con su pueblo, con todos nosotros, un designio de comunión. Al inicio del libro del Génesis, el primer libro de la Biblia, como coronación del relato de la creación, se dice: “Dios creó el hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer… Por eso el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y los dos llegan a ser una sola carne”. (Gen 1,27; 2,24). La imagen de Dios es la pareja matrimonial, el hombre y la mujer, los dos. No solamente el varón, el hombre, no sólo la mujer, no, los dos. Y ésta es la imagen de Dios: es el amor, la alianza de Dios con nosotros está allí, está representada en aquella alianza entre el hombre y la mujer. Y esto es muy bello, es muy bello.
Somos creados para amar, como reflejo de Dios y de su amor. Y en la unión conyugal el hombre y la mujer realizan esta vocación en el signo de la reciprocidad y de la comunión de vida plena y definitiva.
1. Cuando un hombre y una mujer celebran el sacramento del Matrimonio, Dios, por así decir, se “refleja” en ellos, imprime en ellos los propios lineamientos y el carácter indeleble de su amor. Un matrimonio es la imagen del amor de Dios con nosotros, es muy bello. También Dios, en efecto, es comunión: las tres Personas del Padre, el Hijo y del Espíritu Santo viven desde siempre y para siempre en unidad perfecta. Y es justamente éste el misterio del Matrimonio: Dios hace de los dos esposos un sola existencia. Y la Biblia es fuerte dice “una sola carne”, ¡así intima es la unión del hombre y de la mujer en el matrimonio! Y es justamente este el misterio del matrimonio. Es el amor de Dios que se refleja en el matrimonio, en la pareja que decide vivir juntos y por esto el hombre deja su casa, la casa de sus padres, y va a vivir con su mujer y se une tan fuertemente a ella que se transforman, dice la Biblia, en una sola carne. No son dos, es uno.
2. San Pablo, en la Carta a los Efesios, pone de relieve que en los esposos cristianos se refleja un misterio “grande”: la relación establecida por Cristo con la Iglesia, una relación nupcial (cf. Ef 5 0,21-33). La Iglesia es la esposa de Cristo: esta relación. Esto significa que el matrimonio responde a una vocación específica y debe ser considerado como una consagración (cf. Gaudium et spes, 48; Familiaris consortio, 56). Es una consagración. El hombre y la mujer están consagrados por su amor, por amor. Los cónyuges, de hecho, por la fuerza del Sacramento, están investidos por una verdadera y propia misión, de modo que puedan hacer visible, a partir de las cosas simples, comunes, el amor con que Cristo ama a su Iglesia y continúa dando la vida por ella, en la fidelidad y en el servicio.
3. ¡Realmente es un designio maravilloso aquel que es inherente en el sacramento del Matrimonio! Y se lleva a cabo en la simplicidad y también la fragilidad de la condición humana. Sabemos muy bien cuántas dificultades y pruebas conoce la vida de dos esposos… Lo importante es mantener vivo el vínculo con Dios, que es la base del vínculo matrimonial.

El verdadero vínculo es siempre con el Señor. Cuando la familia reza, el vínculo se mantiene. Cuando el esposo reza por la esposa y la esposa reza por el esposo ese vínculo se hace fuerte. Uno reza con el otro. Es verdad que en la vida matrimonial hay tantas dificultades, ¿tantas no? Que el trabajo, que el sueldo no alcanza, los chicos tienen problemas, tantas dificultades. Y tantas veces el marido y la mujer se ponen un poco nerviosos y pelean entre ellos, ¿o no? Pelean, ¿eh? ¡Siempre! Siempre es así: ¡siempre se peleas, eh, en el matrimonio! Pero también, algunas veces, vuelan los platos ¿eh? Ustedes se ríen, ¿eh? pero es la verdad. Pero no nos tenemos que entristecer por esto. La condición humana es así. El secreto es que el amor es más fuerte que el momento en el que se pelea. Y por esto yo aconsejo a los esposos siempre que no terminen el día en el que han peleado sin hacer la paz. ¡Siempre! Y para hacer la paz no es necesario llamar a las Naciones Unidas para que vengan a casa a hacer las paces. Es suficiente un pequeño gesto, una caricia: ¡Chau y hasta mañana! Y mañana se empieza de nuevo. Esta es la vida, llevarla adelante así, llevarla adelante con el coraje de querer vivirla juntos. Y esto es grande, es bello ¿eh?Es una cosa bellísima la vida matrimonial y tenemos que custodiarla siempre, custodiar a los hijos. Algunas veces yo he dicho aquí que una cosa que ayuda tanto en la vida matrimonial son tres palabras. No sé si ustedes recuerdan las tres palabras. Tres palabras que se deben decir siempre, tres palabras que tienen que estar en casa: “permiso, gracias, disculpa”. Las tres palabras mágicas, ¿eh? Permiso, para no ser invasivo en la vida de los conyugues. ”Permiso, pero, ¿qué te parece, eh?” Permiso, me permito ¿eh?
¡Gracias! Agradecer al conyugue: “pero gracias por aquello que hiciste por mí, gracias por esto”. La belleza de dar las gracias. Y como todos nosotros nos equivocamos, aquella otra palabra que es difícil de decir, pero que es necesario decirla: perdona, por favor, ¿eh? ¡Disculpa! ¿Cómo era? Permiso, gracias y disculpa. Repitámoslo juntos. Permiso, gracias y disculpa. Con estas tres palabras, con la oración del esposo por la esposa y de la esposa por el esposo y con hacer la paz siempre, antes de que termine el día, el matrimonio irá adelante. Las tres palabras mágicas, la oración y hacer la paz siempre. El Señor los bendiga y recen por mí. ¡Gracias!

El que habla mal del hermano lo mata en su corazón

La parroquia romana de San Tomás Apóstol en Infernetto, al sur de la diócesis de Roma, recibió ayer tarde la visita del Papa Francisco que reflexionó sobre las habladurías y los “chismorreos” que matan al hermano en el corazón.

A su llegada, el Pontífice encontró a los niños que recibirán la Comunión y la Confirmación y saludó a los fieles en el patio, al igual que a los niños recién bautizados con sus padres, los ancianos y enfermos y a la asociación de familias con hijos discapacitados y antes de comenzar la misa confesó a algunos penitentes.

“Una vez, los discípulos de Jesús comían trigo, porque tenían hambre, pero era sábado, y el sábado no se podía comer trigo. -dijo el Papa en su homilía-. Los fariseos empezaron a decir: ‘¡Miren lo que hacen! Los que hacen esto, van contra la ley y ensucian el alma porque no la cumplen”. Y Jesús respondió: ‘No ensucia el alma lo que tomamos desde el exterior, sino lo que viene de dentro, de tu corazón’. Y creo que hoy nos sentará bien pensar no si mi alma está limpia o sucia, sino pensar en lo que está en mi corazón, lo que llevo dentro, lo que yo se que llevo pero ninguno lo sabe”.

“Decirnos la verdad a nosotros mismos, y esto no es fácil porque siempre tratamos de cubrirnos cuando vemos algo que no encaja en nosotros. ¿Qué hay en nuestro corazón? ¿Hay amor? : ¿Amo a mis padres, a mis hijos, mi esposa, a mi marido, a la gente del barrio, a los enfermos? ¿Los amo?.. ¿Hay odio? ¿Odio a alguien? Porque muchas veces nos encontramos con que hay odio, ¿no? Yo amo a todos, excepto a éste o a ésta. Y eso es odio ¿no?”.

“¿Qué hay en mi corazón… perdón? ¿Hay una actitud de perdonar a los que me han ofendido, o hay una actitud de venganza? Tenemos que preguntarnos qué hay dentro, porque lo que está dentro sale y hace el mal, su es malo, y si es bueno, también sale y hace el bien. Y es muy hermoso decirnos la verdad a nosotros mismos, y avergonzarnos cuando estamos en una situación que no es como la que Dios quiere.”.

El Papa recordó el Evangelio de hoy en que Jesús decía: ‘Habéis oído que fue dicho a vuestros padres: ‘No matarás’. Pero yo os digo que lo mata en su corazón; el que odia a su hermano lo mata en su corazON cualquiera que se enoje contra su hermano, lo mata, en su corazón’. ‘Y el que insulta a su hermano –ha subrayado Francisco– ón; cualquier persona que habla mal de su hermano, lo mata en su corazón. Quizás no nos damos cuenta,.. chismorreamos de éste o de aquel. Y esto es matar al hermano… Por eso, es importante saber lo que hay dentro de mí, lo que pasa en mi corazón. Si uno entiende su hermano, a la gente, ama porque perdona: entiende, perdona, es paciente”.

“Debemos pedir al Señor dos gracias –dijo el Papa Francisco- La primera, saber lo que hay en mi corazón para no vivir engañados. La segunda: hacer el bien que está en nuestros corazones, y no hacer el mal que hay en nuestros corazones. Y hablando de ‘matar’ , recordad que las palabras matan. Incluso los malos deseos matan… Parece cómo si el pecado de calumnia, el pecado de difamación hubieran sido eliminados del Decálogo. Y hablar mal de una persona es pecado”.

Para concluir el Santo Padre exhortó a pedir “siempre al Señor que nos ayude a amar a los demás. Y si no puedo amar a una persona, ¿por qué no puedo? Recemos por esta persona, para que el Señor me haga quererla. Y seguir así, recordando que lo que ensucia nuestra vida es lo malo que sale de nuestro corazón”.

Finalizada la Eucaristía, el Santo Padre saludó a los familiares de los sacerdotes y encontró al consejo pastoral.